No cabe duda que el presidente Otto Pérez puede sentirse satisfecho de alguna forma, pues a partir de plantear una iniciativa, que en ese momento no había sido del todo analizada, ni mucho menos preparada con el respaldo de un documento que contuviera investigación al respecto, que tuviera tal impacto en diferentes espacios académicos, políticos y empresariales; incluso llegó a otras latitudes como el Parlamento Británico, que se interesó por dicha iniciativa.
Todo ello a pesar del traspié que sufrió la Cumbre en La Antigua, cuando el presidente Funes motivó a sus colegas de Honduras y Nicaragua para que no asistieran y así responder en forma dócil a las presiones de los funcionarios norteamericanos. Es extremadamente raro que en espacios de pocas semanas hayan venido a Guatemala el Vicepresidente, el Secretario de Drogas y un comando militar de alto rango de los Estados Unidos, justamente a convencer al nuevo gobernante, de que su iniciativa rompe con la estrategia delineada en el norte para enfrentar el flagelo del narcotráfico.
Estas visitas responden justamente a la rigidez que ha mantenido Estados Unidos con respecto el problema del narcotráfico, en donde privilegian el enfrentamiento directo como forma de disuadir el flujo de este ilícito, apoyando con unos fondos limitados a los diferentes gobiernos del istmo centroamericano; sin siquiera detenerse a analizar los resultados de esta estrategia, en donde seguramente se obtendrán evaluaciones negativas y una cauda de muertos impresionante, que sólo el caso de México ya registra 50 mil muertes en un quinquenio; sin contar los daños materiales y el terror que dicho flagelo impone en México y la región centroamericana.
Ahora que la iniciativa de despenalización ya pasó a ser una propuesta formal y que el propio Presidente Pérez publicó en The Guardian londinense, parece que el contenido de la misma presenta modificaciones de fondo al planteamiento original y aunque no lo conozco, creo que merece analizarse detenidamente, así como plantear algunas precisiones conceptuales. Primero, es necesario definir qué es despenalización -que implica quitar las penas a los delitos vinculados con el narcotráfico-; legalización -que implicaría convertir en una cuestión lícita la producción, el trasiego y el consumo de drogas- y ahora se habla de regulación -lo cual significa establecer ciertos márgenes, protocolos o indicadores de control hacia el consumo de determinadas drogas y con ello las actividades conexas de producción y trasiego de las que se encuentran reguladas.
Igualmente, el planteamiento original en donde se indicaba que la lucha contra las drogas y el narcotráfico requería de reformular las formas de enfrentarlas, bajo perspectivas más inteligentes y de por sí alternativas, a la continuidad que la política americana insiste en términos del enfrentamiento, la represión y la incautación y en donde se tuviera en cuenta que el saldo de la violencia propiciada por este ilícito ya muestra señales de fatiga y, principalmente, de ser ineficaz e inútil. Este planteamiento original ponía en entredicho a la política del norte que insiste en su rigidez temática, su apoyo superfluo y hasta pobre en fondos y, fundamentalmente, el enorme costo en vidas humanas que conlleva.
En el marco de la regulación que plantea nuestro gobernante, hoy adscribe este nuevo modelo en términos que constituye una lucha por la salud, reconociendo que la despenalización implica mayor consumo hasta que el precio se estabilice y con ello las secuelas en materia de adicciones, tratamiento de las mismas y muertes por sobredosis.
Es en estos términos que merece una discusión detenida este nueva propuesta, para que el debate permita avizorar formas alternativas de ser tomadas en cuenta en la propuesta final y en este marco se encuentren las luces necesarias para consolidar una propuesta de cara al futuro, así como se puedan agregar elementos que aseguren un nuevo modelo en la lucha contra las drogas y el narcotráfico.
El camino no es fácil, los planteamientos adversos y favorables son inmediatos, así como ligeros en el análisis y lejanos en la interpretación, vale la pena reflexionar seriamente al respecto, reconociendo que la lucha contra el narcotráfico y la drogadicción merece analizarse en diferentes ópticas, estableciendo diferenciaciones en materia de drogas, implicaciones en salud ante el consumo de éstas; las evaluaciones respecto combatir o enfrentar el trasiego y la producción, versus regular sus mecanismos y procesos; así como poder interpretar los resultados que en el corto plazo se produzcan, así como simular las transformaciones que en una sociedad conduzcan a una población más sana, un mejor nivel de vida para sus habitantes y mayor paz social.