La indemnización es un castigo que se impone al empleador que despide a uno de sus trabajadores sin causa justificada (falta cometida por el trabajador) para tomar tal decisión. Por lo mismo es un disuasivo contra el despido directo lo que de alguna manera fortalece los vínculos entre patrono y trabajador; respalda la estabilidad. Por otra parte la indemnización es una reserva o cuchubal que va acumulando el trabajador para el momento en que se produzca la terminación del contrato, le sirve pues como fondo para que pueda continuar con su modo de vida en tanto consigue otro trabajo u otro medio de sobrevivencia. En todos estos aspectos la indemnización es una institución positiva. Sin embargo tiene también aspectos negativos como vemos adelante con varios ejemplos.
La mayor aspiración de un asalariado, bajo un ambiente laboral digno, por supuesto, es tener el más alto salario posible. Existen muchos frenos lógicos que se resisten el incremento de sueldos; el empleador hace un balance entre sus ingresos o beneficios y los aumentos que puede hacer. El cálculo parece fácil, sin embargo el patrono debe contemplar los efectos a futuro de cualquier aumento del salario mensual, esto es, el incremento en el aguinaldo y bono 14 y en la proyección de la indemnización. Si la ecuación consistiera únicamente en el aumento mensual el cálculo sería mucho más simple, pero no, hay una cola que debe preverse.
Carlos Gómez Lorenzana es un buen trabajador con 18 años de labores pero quiere independizarse y establecer su negocio propio. El paso lógico es que presente su renuncia, pero con los Q 15,000 de salario mensual estaría perdiendo cerca de Q 300,000 de indemnización. Podría actuar con artificio y montar un entramado para simular malos tratos o despido indirecto, pero siendo una persona de principios, ello le parece una acción incorrecta. ¿Qué hacer entonces? Finalmente decide continuar en el trabajo. Se siente atado, se limita su iniciativa. La indemnización lo amarra. Caso parecido al de Gabriel Gutiérrez quien no está conforme con su bajo salario y opta por un nuevo trabajo pero, obviamente, debe renunciar. Por su parte Ramiro González, tiene 12 años de antigüedad en la misma empresa pero últimamente se ha puesto muy irascible y en un ataque de enojo agredió a dos compañeros de trabajo; las cámaras captaron toda la escena, el despido justificado fue inminente; con ello perdió todo derecho a la indemnización y con ello Q 220,000 calculados en base a los Q 10,000 de su salario. Algo similar le acaeció a Enrique Gámez quien, lamentablemente, volvió a enredarse en los tentáculos del alcohol y “agarró una furia” lo que motivó su despido justificado. Carmina Valladares está enamorada y próxima a contraer nupcias; se va a dedicar al hogar y va a renunciar dejando de percibir la indemnización que le corresponde a los 8 años de labores. Qué lástima pero el amor puede más.
Los casos de Esteban Pineda y Julisa Martínez son más dramáticos, el primero está por cumplir los 62 años de edad, con 20 de servicios, y se siente muy cansado y achacoso. Quiere jubilarse pues ya tiene la edad y los años de cotizaciones, pero debe ponerle término al contrato laboral. Julisa tiene 45 años y 8 de labores, pero padece de una anemia constante, quiere acogerse a un plan de invalidez. Si la terminación no es por decisión del empleador no tiene que pagar la indemnización. (Continúa).