Los dos últimos meses fueron de sorpresa y desagrado para miles de miles de compradores en los distintos supermercados que funcionan en el país; la razón principal es que los precios de los artículos tuvieron un desmedido aumento.
Es cierto que los movimientos fluctuantes de la economía mundial inciden de manera directa en la economía guatemalteca, lo que obliga en determinados casos, a los importadores a variar el precio de los artículos que venden a los comerciantes; pero… no es el caso que el aumento se traslade de manera desproporcionada al consumidor final.
De forma usual, los comerciantes guatemaltecos y extranjeros que viven de dicha actividad en este país, se aprovechan cuando se trata de aumentar precios, se justifican de las especulaciones internacionales del petróleo, de la subida de costes en el precio de los fletes nacionales e internacionales y de cuanto argumento tengan a la mano para justificar la subida de precios en los artículos que venden.
No soy iluso, pero creo que por honradez, dignidad y decoro, los comerciantes deberían ser mesurados cuando le trasladan el aumento sufrido por ellos a los consumidores finales; de lo contrario, están actuando como unos verdaderos asaltantes sin miramiento alguno y sin el control de las autoridades gubernamentales.
El presente artículo nos permite considerar la acción humana de los propietarios de comercios, y la voracidad de las empresas internacionales que atornillan el bolsillo de los consumidores; no hay ley en Guatemala que les pueda impedir ese tipo de conductas inhumanas e ilegales.
El poder adquisitivo de la población ha mermado, las fuentes de trabajo son escasas, las deportaciones siguen su curso, lo que significa en pocas palabras que muchísimos miles de miles de personas hayan variado de forma abrupta su dieta alimentaria, pues ya no les alcanza el dinero que ganan para comprar su mínimum vital.
Guatemala se encamina a pasos agigantados hacia una calidad de vida negativa; me refiero a los estratos económicos medio altos, medio y medio bajo; la frustración, cólera y sorpresa se observan en el rostro de los compradores; al mismo tiempo, el rictus de resignación al no poder adquirir lo necesario.
Con el respeto del caso, pregunto a las autoridades del Ministerio de Economía, ¿qué se está haciendo para ejercer un verdadero control de precios? ¿Existe forma alguna para que los inspectores de economía no se dejen sobornar «por unos dólares más»? Las expectativas del pueblo con el inicio de este Gobierno socialdemócrata fueron buenas; ahora le toca de manera urgente al Ministerio de Economía implementar medidas que de verdad ayuden al consumidor y que controlen a los usureros del pueblo.