A medida que avanza la tecnología, especialmente la de comunicaciones, la noción de la incertidumbre se va desvaneciendo porque el entramado de artilugios que se cierne sobre los centros urbanos y sobre los colectivos humanos no dejará lugar para desaparecer o pasar desapercibidos. La red estará entretejida con el mundo real y los registros informáticos sabrán más de cada persona de lo que cada uno registra de sí mismos. La comunicación a través de mensaje de texto ha sustituido a las llamadas telefónicas, con lo cual los registros permanecen, las voces desparecen y las empresas de telefonía se enriquecen. La factura del teléfono celular tiene un costo por las llamadas y otro separado por la mensajería, no es casual el despliegue de aparatos tipo BlackBerry que están diseñados más para mensajes, que para llamadas. Si alguien no contesta el teléfono, un mensaje de texto puede insistir en su respuesta, ya no es posible esperar la respuesta un tiempo después de dejar un mensaje, simplemente parece que este mundo no puede esperar, hasta la mensajería de voz tiende a desaparecer porque no se ajusta al ritmo que demanda la interacción.
Una de las consecuencias de ese ritmo frenético de desborde tecnológico, es la noción del tiempo que se hace más rápida o inmediata; en unos años no se sentirá el mismo período en el que suceden las horas y los minutos actuales, o los de hace veinte años. La forma de consumo de comunicación es la manera en que el capitalismo se termina de hacer global y conduce a los individuos a la virtualidad de la realidad fetichizada, esa dimensión donde todo puede suceder. Existe ya una profesión que se dedica a definir el tiempo que viene, les llaman futurólogos, personas contratadas por la maquinaria de la industria tecnológica mundial para imaginar los nuevos aparatos, las nuevas interconexiones; los nuevos teléfonos; muy pronto será posible la comunicación con las computadoras a través del cerebro, la neurotecnología, lo cual supone un salto en el desarrollo y la interacción entre el ser humano y la máquina, puesto que implica la posibilidad suprema del dominio sobre ellas, pero también al revés. La tarea de los futurólogos es preparar y prever las condiciones socioculturales de los humanos para el consumo y el relacionamiento con las nuevas formas de tecnología, con lo cual su verdadero trabajo no es adivinar el futuro, sino diseñar las nuevas rutas de desarrollo capitalista para los grandes emporios como HP, Nokia y otras, en alianza con centros académicos de alto nivel que investigan y prueban.
El otro efecto de un mundo con supremacía automatizada a través de las computadoras será el control social total. Dos ejemplos para demostrarlo: las cámaras en las ciudades observando todo lo que acontece. Ya en Guatemalita, los alcaldes empiezan a seguir el ejemplo de otras ciudades. El otro, las redes sociales virtuales, en éstas los individuos facilitan el control a través de una especie de voyerismo virtual global. Como se dijo antes, Internet se hilvanará con la sociedad de tal manera que cada ser humano será un número con un registro que contendrá información, y por lo tanto su rastro digital será inminente. En tal sentido los nuevos crímenes tendrán lugar en el ciberespacio, porque la información digital será un nuevo objeto del deseo, y eso generará un nuevo campo de batalla, ya lo ha demostrado WikiLeaks. Afortunadamente en latitudes de pobreza como este país, la incertidumbre es la que reina…