A través del tiempo se ha demostrado hasta la saciedad que los chapines somos propensos a posponer las decisiones de especial importancia, algunas veces por temor a las reacciones y consecuencias, otras, por falta de carácter y decisión o porque esa es nuestra manera de ser. Evadimos pasar ratos colorados y preferimos los rosados, aunque tengamos que sufrir miles de ese color. El caos hospitalario nacional es el ejemplo para ejemplificar que un problema, aunque se conocía desde hace mucho tiempo, se tuvo que llegar al penoso caso de cerrar las consultas externas en afán de mejorar las tristes condiciones en que se encontraban y aún así, ha sido difícil merecer la debida atención de las autoridades.
La Muni capitalina lleva tiempo de demostrar que no es capaz de hacerle frente a los deberes que asumió desde que el Ministerio de Gobernación le trasladó la administración de la competencia del tránsito de vehículos, lo que se evidencia por su incapacidad de hacer llegar eficazmente a sus arcas los recursos financieros necesarios, tampoco los humanos, mucho menos los tecnológicos. Sus proyectos han sido pobres hasta para poner rótulos en la ciudad, los que a ojos de todo el mundo son por demás urgentes y necesarios. La infraestructura vial que hasta el momento ha ejecutado y la que está en proceso ha quedado muy lejos de ser óptima y si alguna duda cabe de lo anterior ¿alguien podrá asegurar que sus pasos a desnivel han sido totalmente eficaces?; ¿es que la construcción del Transmetro no es un caos para los neófitos, no digamos para los urbanistas y técnicos en la materia?
Alguien opinaba en un medio de prensa que para lo único que había sido buena la Muni era para poner cepos y cobrar mucho por las multas. Lamento disentir de tal criterio, porque ser abusivo, prepotente y desconsiderado con el vecino, mucho más con el visitante del interior y del exterior del país, no merece ser calificado como bueno o ¿por qué son buenos para multar o colocar el temido cepo en lugares alejados de la ciudad y en cambio a los autobuses urbanos o a los carritos locos de los taxis ni los voltean a ver?
Entiendo perfectamente que entre el señor Presidente y el señor Alcalde a pesar de la vieja amistad que existía entre ambos hayan seguido con sus diferencias pero ¿por qué no derogar la disposición de trasladar la administración de la competencia de tránsito, una vez analizadas y discutidas ampliamente las consecuencias de que Su Muni no ha podido desempeñar sus funciones eficazmente en esa materia?; ¿qué tiene que andar sudando calenturas ajenas la sociedad guatemalteca por pleitos que ni le van ni le vienen, cuando todo lo relativo al tránsito de vehículos debiera merecer una especial atención y pronta solución?