La incapacidad de Su Muni para dirigir el tránsito


A través del tiempo se ha demostrado hasta la saciedad que los chapines somos propensos a posponer las decisiones de especial importancia, algunas veces por temor a las reacciones y consecuencias, otras, por falta de carácter y decisión o porque esa es nuestra manera de ser. Evadimos pasar ratos colorados y preferimos los rosados, aunque tengamos que sufrir miles de ese color. El caos hospitalario nacional es el ejemplo para ejemplificar que un problema, aunque se conocí­a desde hace mucho tiempo, se tuvo que llegar al penoso caso de cerrar las consultas externas en afán de mejorar las tristes condiciones en que se encontraban y aún así­, ha sido difí­cil merecer la debida atención de las autoridades.

Francisco Cáceres Barrios

La Muni capitalina lleva tiempo de demostrar que no es capaz de hacerle frente a los deberes que asumió desde que el Ministerio de Gobernación le trasladó la administración de la competencia del tránsito de vehí­culos, lo que se evidencia por su incapacidad de hacer llegar eficazmente a sus arcas los recursos financieros necesarios, tampoco los humanos, mucho menos los tecnológicos. Sus proyectos han sido pobres hasta para poner rótulos en la ciudad, los que a ojos de todo el mundo son por demás urgentes y necesarios. La infraestructura vial que hasta el momento ha ejecutado y la que está en proceso ha quedado muy lejos de ser óptima y si alguna duda cabe de lo anterior ¿alguien podrá asegurar que sus pasos a desnivel han sido totalmente eficaces?; ¿es que la construcción del Transmetro no es un caos para los neófitos, no digamos para los urbanistas y técnicos en la materia?

Alguien opinaba en un medio de prensa que para lo único que habí­a sido buena la Muni era para poner cepos y cobrar mucho por las multas. Lamento disentir de tal criterio, porque ser abusivo, prepotente y desconsiderado con el vecino, mucho más con el visitante del interior y del exterior del paí­s, no merece ser calificado como bueno o ¿por qué son buenos para multar o colocar el temido cepo en lugares alejados de la ciudad y en cambio a los autobuses urbanos o a los carritos locos de los taxis ni los voltean a ver?

Entiendo perfectamente que entre el señor Presidente y el señor Alcalde a pesar de la vieja amistad que existí­a entre ambos hayan seguido con sus diferencias pero ¿por qué no derogar la disposición de trasladar la administración de la competencia de tránsito, una vez analizadas y discutidas ampliamente las consecuencias de que Su Muni no ha podido desempeñar sus funciones eficazmente en esa materia?; ¿qué tiene que andar sudando calenturas ajenas la sociedad guatemalteca por pleitos que ni le van ni le vienen, cuando todo lo relativo al tránsito de vehí­culos debiera merecer una especial atención y pronta solución?