La política internacional es uno de los pilares más importantes de un Estado democrático que busca alcanzar el cumplimiento de sus obligaciones, y además cuyos modelos económicos, sociales, políticos o culturales no pueden estar ajenos a un entorno geopolítico que necesariamente le hace parte, ya sea como actor o bien como espectador, pero que siempre requiere de una atención no solo profesional, sino también muy técnica, por cuanto las relaciones internacionales de un país son el sinónimo del más emblemático principio vinculado a este tema: la soberanía.
Derivado de que Guatemala no está identificada con una fuerte política pública en materia de relaciones internacionales, aunque sí se le reconoce que desde la época contemporánea de la historia jurídica del país, se ha logrado alcanzar ciertos posicionamientos, empezando por ser miembros fundadores de la ONU y la OEA, además de ser muy proclive a la suscripción, aceptación y ratificación de los principales tratados internacionales, por lo cual se le considera una nación consistente, aunque con una referencia complicada luego de los abusos de la guerra interna que se libró durante casi 40 años en el siglo pasado.
Sin embargo, el 2012 ha empezado con cierto ajetreo para nuestro país sobre estas relaciones internacionales, iniciando con la vigencia en el escaño del afamado Consejo de Seguridad de la ONU, mecanismo de decisión político-estratégico del mundo, quizá el de mayor injerencia también, superior a la propia Asamblea General. Faltará ver sobre las decisiones que los representantes del país estén tomando en cuanto a conflictos alrededor del mundo, especialmente porque este tipo de actuaciones puede posicionar positiva o negativamente a los Estados, para ser tomados en cuenta como un país serio y con cierta autonomía, o bien como aquellos países que simplemente por coyuntura alcanzaron una posición tan idóneamente ubicada, y que decepciona su accionar al momento de tomar acción. En cualquiera de los casos, las relaciones internacionales del Estado se vieron fortalecidas con estos hechos, coincidiendo también con la toma de posesión de un nuevo gobierno, cuyos lazos en materia de cooperación, coordinación y comercio internacional deben ser estrechos y definidos con sus pares alrededor del mundo. La política de pluralidad en el entorno internacional es ampliamente favorable para Guatemala, sin comprometerse del todo, y sin dejar de comprometerse en nada.
Pero sin lugar a dudas, la iniciativa del presidente Pérez Molina en materia de las drogas, ha creado no solo una oportunidad para alcanzar objetivos diversos, especialmente luego de que la percepción que se tuvo era que simplemente sería una cortina de humo interna para el país, para desviar la atención de una reforma tributaria, o bien para alcanzar mayor flujo de recursos para el combate a las drogas y el crimen organizado por parte de quienes financian internacionalmente este combate, o quizá aún más, para efectivamente someter al imperio de los guatemaltecos la idea de una legalización en el consumo, tránsito y producción de las drogas. Independientemente de la posición a favor o en contra sobre el tema, la iniciativa en sí, generada desde el seno del Estado guatemalteco, ha tocado a cada uno de los países interesados o no en el combate a la droga, y con ello se ha garantizado que en foros internacionales, como el próximo, conocido como la Cumbre de las Américas, sea el propio presidente Pérez Molina quien introduzca el tema para su discusión, el cual seguramente no alcanzará a tomar una ventaja formal para despenalizar algunas drogas, pero sí alcanzará el objetivo de poner en la palestra la discusión, posicionando a nuestra pequeña nación en los albores de uno de los temas más importantes de todo el mundo en estos días.
Por ello, la política exterior de Guatemala debe ser muy bien definida, y aunque existen grandes ventajas como las situaciones actuales en el foro internacional del país, además de una efectiva representación como la de Gert Rosenthal, entre otros, no será suficiente si la cancillería no alcanza a posicionarse técnica y efectivamente en los temas de coyuntura internacional, además de aquellos tradicionalmente reconocidos como trascendentales para el Sistema de Naciones Unidas. La labor del canciller Caballeros entonces, es ardua, y esperemos que su trabajo rinda frutos maduros para el país con el devenir de los meses, y así evitar otro fiasco similar al sufrido durante la fallida reunión de Antigua el mes pasado.