La importancia de la polí­tica exterior


Recientemente he tenido la feliz oportunidad de encontrarme con la Tesis Doctoral de Belén Blázquez Vilaplana. Como quien encuentra un juguete nuevo, inicié mi recorrido ávido de curiosidad.

Lic. Carlos Escobedo

Mi intención al iniciar la lectura era la de encontrar mayores motivos que no solamente me permitieran justificar mi pasión por la polí­tica exterior, sino que adicionalmente encontrar la razón por la cual la polí­tica exterior se configura y se reconoce constantemente sobre sus propias realidades. Sobre esta reflexión habrí­a que pensar a lo mejor en el contexto de la polí­tica exterior de algunos Estados que priorizan su gasto público hacia la configuración de su polí­tica exterior enfocada a dos acciones: La acción exterior y la cooperación internacional.

Por simple que pueda parecer la acción exterior y la cooperación internacional encierran una serie de acciones y elementos complejos que no darí­a chance de explicar en esta columna.

Para entender la aproximación al estudio de la polí­tica exterior de un Estado, según la tesis doctoral citada, se deberá tener en cuenta dos elementos importantí­simos. Por un lado la organización y estructura de la polí­tica exterior (racionalidad) y por otro, las aproximaciones desde la propia realidad polí­tica y que afectan a la polí­tica exterior (ideológica). Por otro lado, para la construcción de una polí­tica exterior habrá que tener en cuenta algunos aspectos importantes como el enclave geopolí­tico (es decir donde se juegan los naipes), los actores intervinientes (con quien se juega) y el tipo de sistema polí­tico propio que define aspectos interesantes que pasan por las ratificaciones y presupuesto. (las reglas del juego).

El sistema internacional, sin que se le conociera con ese nombre, ha tenido desde su configuración inicial un proceso paulatino vinculado primordialmente al desarrollo progresivo de la economí­a, de la configuración de potencias militares y polí­ticas, es decir que paralelo al arte de la guerra los mecanismos de la diplomacia fueron creando sus propias definiciones teóricas que fortalecieron, sin querer, el aparecimiento de la representación polí­tica internacional. Desde los presbies, heráldicos, Cónsules, Representante, Jefe de Misión hasta la figura del Embajador, la técnica de la negociación internacional se manifestó en su máxima expresión a través de las Cancillerí­as.

La importancia de la polí­tica exterior es que logra condensar todas las intenciones de la gestión pública y orientarla con fines de la proyección de los intereses de su propio Estado. La polí­tica exterior analizada desde la teorí­a, resulta siendo la sumatoria de los esfuerzos multidisciplinarios que involucran elementos jurí­dicos, económicos, de cooperación, de las finas artes del protocolo y de la diplomacia, de la negociación pura. En ese sentido, a la polí­tica exterior se le confiere un alto sentido de responsabilidad y por lo tanto su estructura se encuentra conformada por un equipo interdisciplinario altamente capacitado que cuenta con todos los recursos necesarios para llevar a cabo sus objetivos. La polí­tica exterior trasciende la representación y se constituye en un aliado valiosí­simo de los demás actores de su propio sistema para la consecución de los objetivos de su Estado.

El impulso y soporte que se les suele dar a las Cancillerí­as como ejecutores de polí­tica exterior debe ocupar un alto puesto en la presupuestación de los Estados, actuar en sentido contrario resultarí­a siendo al equivalente a correr a pie en contra ví­a en una autopista de altí­sima velocidad, el sistema internacional.