Todas las personas luchan por un mejor nivel de vida, ilusión que para unos se concretiza, mientras que para otros se posterga y algunas veces nunca se alcanza. De ahí que aquella frase de contar con un techo tenga un significado muy especial pues condensa la posibilidad de satisfacer abrigo, cobijo y la posibilidad de contar con un bien que albergará a la familia.
Sin embargo, para muchos ese techo se construye de láminas sueltas, fragmentos de madera y pedazos de plástico, tal como pude constatar directamente el domingo pasado en el caserío Gallardo de Villa Canales, una localidad que no pasa de los cincuenta kilómetros de la capital. Nuevamente tuve la oportunidad de asistir a la finalización de la construcción de una vivienda de la Fundación Un Techo para mi País, ahora en condición de voluntario, unido a una de las cuadrillas de dicha fundación, lo cual me dio la oportunidad de compartir con esta diversidad impresionante de jóvenes que se encuentran comprometidos con su país, para dotar de unidades de vivienda a familias; esta vez fueron 13 viviendas.
El espíritu de trabajo de este montón de patojos me llamó poderosamente la atención, pues al incorporarme a la cuadrilla, pude observar que muchos de ellos y ellas son voluntarios permanentes, como Álvaro, Chus “Norris”, Tella, Majo, Raisa, Chisco, Tono y Chofas, quienes asisten regularmente a aquellos campamentos que organiza esta fundación con el objetivo de entregar estas pequeñas viviendas a diversas personas pobres en el país.
La jornada de trabajo empezó para estos jóvenes el viernes cuando salen de la capital, se instalan en una de las escuelas de la localidad, en donde pernoctan y empiezan su trabajo el sábado y culmina hasta terminar la casa. El hecho de haber llegado hasta el domingo me permitió incorporarme cuando ya están sentadas las bases y el piso de la casa, para que a partir de ahí se iniciara una actividad física que va desde el acarreo de los paneles, hasta el clavado de cada una de las partes, el plomeo de la casa, la construcción de los parales y vigas para el techo, la lámina correspondiente, las puertas, ventanas y hasta la grada de la misma.
Todo ello realizada por un grupo de patojos que se movían como hormigas que sabían bien cada paso, cada detalle, cada proceso, cada actividad, así poco a poco en el ir y venir de martillos, clavos, formones, cuñas, colas de zorro, barretas, bisagras y tornillos, iban configurando la vivienda que se entregaría a Óscar y Elsie, la pareja beneficiaria de jóvenes y su pequeña hija, a quienes se unía la tía Chila, una noble y trabajadora anciana, que alegraba con su sonrisa el trabajo de todos los que nos unimos a este esfuerzo.
Fuimos varios los invitados. Así pude constatar la presencia de mi buen amigo Juan Luis Font y su familia; músicos pertenecientes a Malacates y el Clubo; Norma Cruz; el decano de Ingeniería de San Carlos; padres de los voluntarios; Fabiola Rouhda; un “dipukid”; el psicólogo que nos leyó las manos y seguramente otro montón de personas que contribuyeron a amalgamar esta jornada de domingo.
La llegada de la vicepresidenta Roxana Baldetti le dio otro espaldarazo a este movimiento social y los jóvenes leyeron un comunicado destacando las graves condiciones de desigualdad y pobreza de este país y luego la Vicemandataria pasó a colaborar en actividades propias de construcción, así como aportó los amueblados de comedor para las trece familias beneficiadas. La tarde finalizó, el cansancio era magnífico, pero la satisfacción era indescriptible, cuando caminando el kilómetro de vuelta, nos acompañó la caída del sol, con un montón de cómplices satisfechos.
Seguramente el número de casas es mínima, seguramente los resultados pueden considerarse pocos, pero el compromiso de trabajo de estos patojos es impresionante y la satisfacción de la entrega de la vivienda y la emoción de ese momento nos llevó a todos a las lágrimas. Este 1 y 2 de marzo, los patojos de Un Techo para mi País, harán su colecta anual, esperan ir más allá de lo recaudado el año pasado, si usted empresario puede colaborar, hágalo; si usted profesional puede aportar, no lo piense; si usted político puede dar algo, adelante, pero no trate de instrumentalizar el movimiento, no lo dejarán de todos modos; si usted ciudadano, deportista, artista, periodista; puede contribuir, no se resista. El significado de un techo para las familias pobres va más allá de su aporte, créame.