La ideologí­a de los partidos


En la mitad del siglo pasado este paí­s tení­a partidos polí­ticos con una identidad bastante clara que se regí­an por un conjunto de valores que dominaban su acción polí­tica; eran esas ideas las que les hací­an emprender su lucha para poder aspirar al poder y así­ implementar desde el Estado, su particular forma de entender la realidad a través de una propuesta de programa de gobierno. Son de ese tiempo el Partido Social Democrático PSD, el Partido Guatemalteco del Trabajo PGT, el Movimiento Democrático Nacional que después dio origen al Movimiento de Liberación Nacional MLN, el Movimiento Democrático Cristiano MDC a partir del cual se desarrolló el histórico partido Democracia Cristiana DC, o el igualmente significativo en la historia polí­tica de este paí­s, el Partido Revolucionario PR, también nació en esos años el Partido Comunista de Guatemala.

Julio Donis

Por esa misma época en el contexto internacional se gestaba la llamada Guerra Frí­a, polarizando ideológicamente al mundo en dos bandos representados por las dos superpotencias de ese momento. Con frecuencia este elemento se pierde de vista a la hora de recrear y razonar el porqué de la contrarrevolución del 54, o el porqué del intervencionismo norteamericano, es decir los finos alcances en la dimensión local de una conflagración ideológica de orden mundial. En el ámbito nacional ya para los 60, la lucha ideológica degenerarí­a en una de las guerras más sangrientas de la región radicalizándose a través de la ví­a armada. Los partidos empezarí­an a dejar de ser cada vez más y más los vehí­culos de la polí­tica porque la institucionalidad se habí­a roto, el Estado se habí­a militarizado y la guerra interna cuestionaba en su estructura la formación social de este paí­s.

Para la caí­da del muro a finales de los 80 y principios de los 90 el sistema de partidos polí­ticos se habí­a pervertido y dispersado en varias expresiones que giraban alrededor de caudillos. De ahí­ en adelante y hasta la fecha los partidos se multiplicarí­an una y otras vez vaciando de sentido a la polí­tica y despojándola de dignidad. Los partidos se convertirí­an en máquinas electorales alimentados con el capital privado y respondiendo a sectores de diverso pelaje. En ese contexto histórico la influencia mundial, a través del pensamiento hegemónico occidental anunciaba el fin de las ideologí­as, y los partidos empezarí­an así­ la competencia por desmarcarse en el espectro ideológico, ni de izquierda ni de derecha, para pelearse el estrecho margen del centro, su expresión inicial fue en ese caso el partido Unión del Centro Nacional UCN.

Con el nuevo siglo y ya con paz firmada pero no consolidada, el sistema de partidos polí­ticos llegarí­a a ser uno de los más frágiles en toda la región en términos de institucionalidad, con un ciclo de vida que no rebasaba el perí­odo de dos elecciones y con una credibilidad superada incluso por la policí­a y la iglesia. En el caso del rasgo ideológico, para las elecciones del año 2003 la mayorí­a de dichas organizaciones declaraba como perfil ideológico en sus cartas estatutarias que eran democráticos y apegados a los valores de la Constitución de la República, libertad, dignidad e igualdad, es decir ni de aquí­ ni de allá. Mientras tanto en el resto del continente se consolidaban gobiernos socialistas y socialdemócratas y se marcarí­a una ola hacia la izquierda con el afianzamiento de Evo Morales, el de Rafael Correa y el de Chávez.

Guatemala llega a este momento de la historia con un legado de expolio generalizado que se remonta a la Colonia a manos de una clase empresarial y poderes ocultos que han desarrollado un Estado desnutrido, que cual Frankenstein lo han dejado moverse solo a discreción de sus intereses. En este contexto ni la UNE de ílvaro Colom ni cualquier otro partido polí­tico que llegue al poder, pueden escapar a ese pasado doloroso que determinará cualquier proyecto polí­tico. Es por esto que la aspiración socialdemócrata de este Gobierno solo alcanzará a situarse a la izquierda de la derecha neoliberal, porque hace falta entender que no se puede implementar una economí­a social de mercado si antes no se han generado las condiciones para un capitalismo moderno.