La honestidad no es noticia


Cuando se le descubren actos anómalos a una persona, su nombre se ve reflejado hasta con luces de colores en todos los medios de comunicación, pero cuando sus actuaciones ocurren dentro del marco de la ley y de la honestidad, su nombre si es que aparece, serí­a con luces opacas y si te vi, no me acuerdo.

Guillermo Castañeda Lee, Céd. R-19 No. 997, Teculután, Zacapa.

Esta historia se me ocurrió hacerla pública después de que vi la forma cómo se publicitó el problema del hijo del general Rí­os Montt y qué ocurre precisamente por haber sido jefe de una dependencia que le dio un pequeño dolor  de cabeza a su padre cuando ocupó la jefatura de Estado.

Cuando sucedió el golpe de Estado en 1982, el Ejército sufrió una renovación total, pues de sus 68 dependencias con que contaba en ese entonces, fueron cambiados los jefes de 66 de estas, quedando únicamente 2 dependencias sin cambio alguno, siendo estas el Departamento de Finanzas del Ejército (DFE) y el Centro de Computación del Ministerio de la Defensa Nacional (CCMDN).

Cuando se reunieron los oficiales jóvenes que habí­an propiciado el golpe de Estado para revisar los listados de los nuevos funcionarios del Ejército, no hubo acuerdo si se debí­a de destituir a los jefes de las dependencias mencionadas, pues mientras unos argumentaban que el cambio debí­a ser total, otros eran de la opinión de que se debí­a de juzgar a las personas y su trabajo de manera individual y que si su trabajo era efectivo y honesto, los titulares se debí­an de mantener en los cargos.

Este estira y encoge llegó a oí­dos del general Efraí­n Rí­os Montt, quien inmediatamente citó al jefe del DFE para indicarle que estaba siendo investigado y que para evitar consecuencias mayores, mejor renunciara del cargo. Con la renuncia en la mano, el general Rí­os eliminaba el motivo de la discordia entre los oficiales golpistas, pues aparentarí­a que el jefe del DFE se habí­a retirado por su voluntad y que ya no existí­a motivos para el desacuerdo.

El jefe del DFE le respondió al general Rí­os que estaba de acuerdo a que se le investigara y que si se le encontraban malos manejos, que lo metieran a la cárcel, pero que él no renunciaba del cargo, pues creí­a que él hací­a las cosas de una manera honrada.

Así­, entre telones, se mueven muchas cosas dentro del Ejército, pero también hay reconocimiento para los que hacen las cosas bien, siendo que finalmente se aceptó la estancia del jefe del DFE, en reconocimiento a la integridad con que desempeñó el cargo, pero esto nunca lo vimos con luces de colores y ni siquiera trascendió a la opinión pública.