La honestidad en las relaciones de trabajo


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El trabajo y las relaciones sociales en éste ocupan la mayor parte del día de una persona. De manera ideal estas últimas deberían constituirse en referencias solidarias, armónicas y fortalecedoras. No dudo que en muchos lugares éstas se desarrollen de esta manera. Sin embargo, considero que los ámbitos de trabajo cada día son más escasos, las personas preocupadas por sus ingresos para sostener la carga económica de sus responsabilidades se tornan bastante competitivas y al respecto muchas veces poco solidarias con sus lazos humanos.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi


Dentro del trabajo de manera frecuente es necesario realizarlo en equipo y  en ello se da la necesidad de interdependencia, es decir, que cada contribución es un aporte fundamental en la construcción del mismo.  Stephen Covey menciona que ello es producto de un desarrollo que va desde la dependencia a la independencia, hasta llegar a la cima que es lo que se considera interdependencia.  Sin embargo, para ello se requiere de mucha madurez por parte de las personas, además del sentimiento de seguridad de que nadie le pueda estar moviendo la alfombra.

Las relaciones de trabajo pueden  generar circunstancias de difícil manejo.  Cuando no existe la sinergia necesaria para realizarlo y en lugar de ello se manifiestan conductas agresivas o pasivo agresivas de parte de los integrantes de un determinado equipo de trabajo. Estas conductas persiguen la aniquilación de las otras personas y se muestran con la descalificación, con el uso de sutilezas y a veces hasta sonrisas que llevan dentro una gran carga de rencor.

Este problema se ve afecto en tanto a la actual globalización del desempleo y del deterioro de la economía.  Pero cada quien puede hacer la diferencia. Es meritorio una evaluación constante de la autoestima que permita valorarse de manera adecuada y que no permita el aparecimiento del sentimiento de envidia por cada diferencia  visualizada en los demás (Ej. Juventud, preparación académica, colocación en determinado puesto, entre otras).

Considero que también habrá que ser empático. La mayor parte de discursos de empatía van relacionados a colocarnos ante el dolor de otra persona.  Pero también es necesario ser empático con el bienestar y la alegría de los demás.  Si alguien adquiere un trabajo, a decir verdad, tal vez el que hubiésemos deseado, o se saca la lotería, que también hubiésemos deseado, ¿por qué no sentir empatía? Hay algo que creo indiscutible en la vida: “Al que le toca, le toca” y esto va para lo bueno y lo malo que nos pase. Hoy por hoy podemos encontrarnos en una circunstancia muy difícil, pero de manera afortunada, todo cambia y nada es para siempre.  Solamente tenemos que tener paciencia, perseverancia y madurez para aceptar situaciones que no están a nuestro alcance cambiar. 

De otra manera la envidia nos corroe y dejamos de ser de manera posible la persona que hemos pensado  y deseado ser.  Lo cual se convierte en una injusticia para nosotros/as mismos.  Tenemos que luchar por lo que queremos, pero mejor si no  hacemos daño a nosotros/as mismos o a los demás.  Siendo congruentes con un sistema personal de valores que proclame honestidad y respeto dentro de nuestras relaciones humanas y nuestro ser.

Para terminar les dejo el pensamiento de Clarissa Pinkola que considero que nos invita a no ser envidiosos y a poder reflexionar  de una manera más fructífera. “Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando, también nos busca a nosotros y que, si nos quedamos quietos nos encontrará”.