La historia se escribe diariamente


Gladys Monterroso
licgla@yahoo.es

Guatemala es un paí­s en el que los acontecimientos diariamente marcan rumbos insospechados, por lo que cada dí­a que principia la incertidumbre nos acompaña, así­ es la vida de la mayorí­a de los guatemaltecos, incierta, nuestra capacidad de asombro parece ilimitada, y seguimos siempre con la cabeza baja, la cultura del silencio es superior a cualquier manifestación irreverente, pero a mi criterio hemos luchado siempre contra corriente, y lo seguiremos haciendo, lo importante es no desmayar en la lucha por cambiar el camino, aunque por momentos sentimos que estamos en un despeñadero, debemos tender un puente sobre él. Viene a colación lo anterior por la noticia impactante dada a conocer la semana anterior del proceso de experimentos realizados en diferentes estratos de la población guatemalteca con el objetivo de conocer la cura contra enfermedades de transmisión sexual, parece que estuviéramos leyendo un libro sobre los experimentos nazis, pero no es así­, sucedió en Guatemala, y es una realidad, ahora ¿Qué podemos hacer? Nuestra historia está cargada de situaciones como la comentada, siempre estamos en condición de vulnerabilidad en relación a cualquier paí­s desarrollado o supuestamente desarrollado, desde las relaciones con expertos provenientes del extranjero, que vienen a vender recetas mágicas para resolver variedad de problemas, hasta paladines de la justicia ante quienes la mayorí­a rinde tributo, ese es el esquema del ciudadano común y del paí­s en general. Pero basta ya de seguir siendo los bobos de la historia, no podemos ni debemos seguir viviendo al margen de todo, es necesario tomar conciencia que solo los que se levantan ante cualquier tiraní­a tienen la oportunidad de sobrevivir, la historia siempre se repite, y creo que debemos levantar la frente y exigir nuestros derechos como paí­s, este es el momento que las autoridades en turno sepan actuar ante los agravios cometidos, siempre he pensado que no existe peor cosa que aceptar un «perdón» por conveniencia, lo que sucedió ya no lo podemos cambiar, ni aunque hubiera sido ayer, pero lo que sí­ podemos hacer es actuar con dignidad, palabra que parece olvidada de nuestro léxico, es necesario la reparación moral y económica por el daño causado. A mi criterio el Gobierno debe entablar un diálogo con el Gobierno de Estados Unidos, quienes tienen sobre sí­ el peso de la historia, y no pedir un resarcimiento económico porque eso equivaldrí­a a vender el dolor de esos seres humanos que fueron agredidos de forma tan cruel como el que a un enfermo mental le rasparan el pene para incubarle una enfermedad, a mi criterio se debe centrar el diálogo sobre uno de los problemas más graves del paí­s, y que afectará a posteriores generaciones, así­ como en su momento los experimentos realizados aún hoy tienen consecuencias genéticas, mi humilde opinión es que el Gobierno de Guatemala, debe solicitar una compensación en el área de salud, no en dinero, porque quienes integran las instituciones no todos cuentan con la suficiente solvencia para el manejo de fondos económicos, creo que la compensación debe ser en especie, lo que es lo mismo, medicinas, mejoras en los hospitales, apoyo al sector médico, y la condonación de la deuda pública externa.

Dentro de los grandes males del paí­s se encuentra un sistema de salud colapsado, por diversos factores, entre ellos la corrupción imperante y el sistema financiero desequilibrado, cada vez que se aprueba un nuevo préstamo se hipoteca más la vida de las futuras generaciones, platicando con un amigo médico precisamente me comentaba que él veí­a la deuda pública como una tarjeta de crédito que rebasa nuestras posibilidades, y así­ es, solamente que a nivel de paí­s la situación es cada dí­a más dramática. Tenemos que ser prácticos y encontrar el remedio para los grandes males del paí­s, dos sistemas de suma importancia colapsados, el de salud y el financiero, debemos encontrar soluciones reales a los mismos y aunque creo que la decepción, frustración y cuanto sentimiento tengamos no va a cambiar, por lo menos debemos solucionar el presente y probablemente el futuro.

No quiero dejar de dar públicamente mi sentido pésame al licenciado Oscar Clemente Marroquí­n, uno de los periodistas más respetados del paí­s, por la pérdida de quien le llevó por el camino donde ha dado lo mejor de sí­, el periodismo, su padre y su abuelo han dejado huella como él ya la dejó, pero considero importante recordarle que todo pasa, pero lo que bien se aprendió nunca se olvida, y él ha tenido cátedra de buen ser en su vida, que Dios le dé fortaleza, porque su digno padre dejó huella, licenciado.