El ex dictador Suharto se debate entre la vida y la muerte en un hospital de Yakarta, pero su herencia parece destinada a perdurar en Indonesia, reconocen tanto sus partidarios como sus detractores.
El autócrata de 86 años, derrocado en 1998 por un levantamiento popular, dejó su impronta a lo largo de 32 años de gobierno, durante los cuales desarrolló la economía del archipiélago gracias al boom petrolero de los años setenta.
Bajo su régimen, denominado del «Nuevo Orden», Indonesia consiguió satisfacer su demanda de arroz y sus exportaciones de productos manufacturados tuvieron un impulso fenomenal.
La época también fue marcada por la matanza de miles de comunistas, el aplastamiento de los movimientos separatistas y la desaparición de sus adversarios políticos.
Y también fue el modelo de Suharto -que combinaba el liberalismo pro-occidental con canales de corrupción que favorecían a las altas esferas de la pirámide política y social- que convirtió a Indonesia en el país más afectado por la crisis financiera que sacudió a los mercados asiáticos en 1997. Un derrumbe cuyas consecuencias se sienten hasta hoy.
«El enfoque tecnocrático del gobierno indonesio de esa época fue un mal camino para erigir un sistema económico», afirma Kusnanto Anggoro, un analista de la Universidad de Indonesia.
De acuerdo con el académico, el gobierno de Suharto, corroído por un sistema de sobornos institucionalizados, abrió el surco para la instalación del sistema actual, caracterizado por una corrupción descentralizada y más «caótica».
Algo similar a lo que ocurre en el ámbito de los derechos humanos. «La cultura de la violencia, aún muy presente, tiene sus raíces en el régimen de Suharto», sostiene Haris Azhar, de la organización Kontras, de defensa de los derechos humanos.
Las fuerzas de seguridad indonesias son acusadas hasta hoy de múltiples tropelías, por ejemplo en Papuasia, en tanto que las matanzas perpetradas en Timor Oriental, después de Suharto, siguen impunes.
Pero la atención que el ex dictador recibe en su lecho de hospital, así como la importancia con que los medios siguen su agonía y el desfile de personalidades en su cuarto demuestran que su influencia sigue viva.
El presidente indonesio Susilo Bambang Yudhoyono consideró el sábado que era algo «fuera de lugar» debatir sobre un proceso por desvío de fondos públicos abierto contra el ex dictador, a quien le agradeció «su contribución, sus realizaciones y los servicios rendidos al estado».
El diario The Yakarta Post consideró hoy en un editorial titulado «El Intocable» que «sólo es cuestión de tiempo que el gobierno declare a Suharto héroe nacional».
«El hecho de que Yudhoyono y otros responsables destaquen la necesidad de respetar a Suharto por sus contribuciones al país demuestra claramente hasta qué punto el ex presidente sigue siendo poderoso», comentó el periódico.