La guerra del maí­z se vive en México


Felipe Calderón (D), presidente de México, y Louise Arbour (I), alta comisionada de Derechos Humanos por la ONU, durante una reunión en casa presidencial. México vive momentos de tensión por la problemática campesina sobre el maí­z, lo cual vulnera los derechos económicos de ese grupo.

El gobierno de México considera difí­cil mantenerse como un paí­s libre de cultivos de maí­z transgénico y se dispone a iniciar este año plantaciones experimentales para establecer las condiciones de uso de semillas modificadas, evitando el contagio a los maí­ces criollos.


Casi todos los vecinos de México, sobre todo Estados Unidos, pero también Guatemala y Honduras, tienen maí­z transgénico, de mayor rendimiento, dijo Ví­ctor Villalobos, coordinador de Asuntos Internacionales del ministerio de Agricultura y miembro de la Comisión de Seguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM).

«De alguna forma nosotros estamos medio aislados y tenemos que tomar decisiones y las decisiones tienen que ser en función de los riesgos, pero también en función del riesgo de no ser parte de este desarrollo», sostuvo en declaraciones.

El tema de aplicación de la biotecnologí­a al maí­z levanta polémicas en México, donde este grano no sólo tiene un significado cultural (sus habitantes originales se consideraban hechos de maí­z), sino económico-social.

México es el primer productor del mundo de maí­z blanco, el que se usa para consumo humano en la región y constituye el producto principal de la dieta básica de los mexicanos, con el que se elabora la popular tortilla.

Pero es dependiente de las importaciones del grano amarillo, utilizado para forraje y de cuyo bajo precio dependen los de otros productos como la carne y los huevos, que han conseguido mantenerse todaví­a a niveles bajos.

Sin embargo, «si no le entramos a esas tecnologí­as, eso lo vamos a perder, con el problema del coste del maí­z ahora, va a impactar al pollo, va a impactar al huevo», advierte Villalobos.

Villalobos admite que «hay una presión muy fuerte por parte de los productores para que se les permita utilizar semillas transgénicas».

Hasta ahora, a pesar de que una ley de 2005 abre la puerta al uso de semillas transgénicas, el gobierno, presionado por organizaciones ambientalistas y la oposición, ha impedido su cultivo.

El Ejecutivo tiene previsto aprobar en los próximos meses un reglamento que incluye garantí­as especiales para el maí­z y que permitirá empezar los cultivos experimentales con vistas a su posterior comercialización a gran escala.

Según la organización Greenpeace, los transgénicos incluyen componentes riesgosos para la salud, que contaminan el medio ambiente.

Para Villalobos, está ampliamente demostrado que el maí­z transgénico no supone ningún daño para la salud humana y que su cultivo «tiene un importante componente ambiental puesto que se reduce la aplicación de pesticidas».

Los experimentos que se han diseñado están más bien destinados a establecer las condiciones necesarias para minimizar los riesgos de contagio a cultivos no transgénicos. «Nos interesa mucho conservar los maí­ces criollos y conservarlos puros», defiende.

Los ensayos se realizarí­an con los dos genes comercializados hoy en dí­a, los de resistencia a insectos y los de resistencia a herbicidas, en zonas del norte de México donde no haya maí­z criollo y en ciclos de no polinización de la planta.

Además se establecerán «barreras-trampa de plantas de maí­z en las que pudiéramos monitorear qué tanto viaja el polen en términos del tipo de clima, la humedad, la distancia, el viento», explica Villalobos.

El funcionario rechaza el argumento de que la expansión de maí­z transgénico terminará haciendo dependientes a los productores nacionales de transnacionales como Mosanto, ya que «hoy dí­a sin ser transgénicos somos dependientes» de empresas extranjeras que venden maí­z hí­brido.

Sin embargo, Villalobos reconoce que «va a ser muy difí­cil que en el largo plazo se pueda garantizar que va a haber zonas puras en términos de este flujo genético» ya que el maí­z es una planta de polinización abierta, muy sensible al contagio por parte de otras especies.

«De alguna forma nosotros estamos medio aislados y tenemos que tomar decisiones y las decisiones tienen que ser en función de los riesgos, pero también en función del riesgo de no ser parte de este desarrollo.»

Ví­ctor Villalobos

Miembro de la OGM