La Guatemala de ayer II


Doctor Mario Castejón

Esos hombres a los que mencioné fueron hombres de bien, recios y de trabajo honrado que jamás hicieron mal a nadie y se ganaban la vida en circunstancias difí­ciles. En el caso de papá después de sus años de agente viajero, nunca andaba armado aunque era un tirador tan certero como de los que se ven en el circo. La única vez que lo recuerdo en un lance de ese estilo terminó siendo una anécdota simpática y fue en 1955 cruzando un puente provisional a ras de agua sobre Rí­o Bravo cuando la Nell O Teer construí­a la carretera de la Costa Sur. Viajábamos en un Sedán Chevrolet modelo 49 de los que tení­an la palanca al timón y cuando pasábamos muy despacio por la orilla del rí­o, un grupo de hombres en plan de farra al lado de un camión con sendas botellas de licor al lado mataban el tiempo. Uno de ellos parado con aire bravucón le hizo el chiflido caracterí­stico como si se tratara de una mujer despampanante y terminó su afrenta diciéndole apurate hijo de puta. Tras el insulto terminamos de salir del rí­o hasta un terraplén elevado en donde papá sin decir una palabra salió y abrió el baúl, allí­ enfundado llevaba su rifle .22, un Gevelot semiautomático, caminando al borde del terraplén calculó la distancia -habrí­an unos 80 metros- y los hombres dejaron de beber, subió un punto el alza trasera y tomó punterí­a disparando a una botella que estalló junto al hombre que estaba de pie, el cual se quedó quieto como una estatua. Volvió a tomar punterí­a y disparó de nuevo haciendo añicos la segunda botella. Mientras metí­a el rifle al baúl del carro levantó la mano en señal de saludo gritando: ¡Buen provecho señores! Recuerdo que avanzamos unos minutos y me dijo como en confidencia: nunca le faltes al respeto a un hombre mayor.

Tengo que reconocer que aun cuando en aquellos años habí­a violencia, la ciudad y los caminos eran más seguros a pesar que a los Gobiernos de turno les importaba un bledo el respeto a la vida y los derechos humanos y cuando algo les amenazaba trataban con crueldad y saña a sus opositores. Sin embargo, fuera del ámbito polí­tico las autoridades brindaban protección sin tanta alharaca de operativos y fuerzas especiales como es común ver hoy en las noticias de prensa.

A propósito del tema de los Organismos represivos del Estado estuve leyendo el documento publicado en elPeriódico por el ingeniero José Rubén Zamora Marroquí­n narrando el allanamiento de su casa y posterior secuestro. Un documento que para los pelos al demostrar con hechos la maquinaria tenebrosa que se oculta detrás de los poderes del Estado y lo peor de todo es que no parece haber sido desmontada. Pienso que el valor del periodista Zamora en la denuncia del hecho tiene que ser positivo para que en un futuro aunque sea lejano cambien las cosas en nuestro paí­s. Ni en la imaginación más calenturienta habrí­a cabido concebir hasta dónde hemos llegado en cuanto a la perversión de la clase polí­tica hermanada con el crimen organizado que como se ha dicho gráficamente mantienen a la sociedad de rodillas. En el relato de José Rubén Zamora se deja ver el sentimiento de frustración y temor que dejó la experiencia, razón de más para admirarlo, porque sobreponerse al miedo y actuar contra corriente es un gesto de valentí­a y también de patriotismo, ovación de pie para el periodista y el ciudadano.