La gente tóxica


«Un virus, invisible, penetra nuestros poros sin advertencia previa y se esparce lenta y silenciosamente. Antes que podamos darnos cuenta, la infección nos ha invadido por completo» (Joost Elffers and Robert Green, Las 48 leyes del poder, 1999, Atlántida, Buenos Aires)

Ramiro Mac Donald
http://ramiromacdonald.blogspot.es/

Ese virus es el de la gente tóxica, que no tiene nada que ver con la gente infortunada o aquellos golpeados por circunstancias incontrolables en su vida. Pero no. No me estoy refiriendo a quienes han tenido la desgracia de no haber sido favorecidos por la fortuna (de cualquier tipo). Estoy hablando de esa gente que contamina todo a su alrededor. Esa gente destructiva, que cuando se acerca a nosotros, nos trae solo problemas. Esa persona que es negativa, destructiva por naturaleza.

Ese es un virus. Pues no sentimos cuando nos infecta. No lo vemos cuando ingresa por nuestros poros, y su actitud negativa contamina nuestras vidas. En la mayorí­a de los casos, ese tipo de personalidades, es de carácter fuerte, dominantes. Poseen un signo vital intenso, que en ocasiones arrolla por delante todo cuanto encuentra.

Tenga cuidado de estas gentes, sean mujeres u hombres: son peligrosos. Es tóxico estar con ellos, y es muy delicado tenerlos de enemigos. Mejor hágase a un lado y déjelos pasar. Ese tipo de personalidades -a veces muy atractivas, subyugantes- lo único que dejan en su paso, son tempestades.

Las reglas del poder, hablan de que uno debe asociarse con gente de su misma forma de pensar y que debe evitar a estos tóxicos seres que deambulan por doquier. Y es que, en polí­tica, en el ámbito de los cortesanos, estas/estos abundan. Son los que hoy la juventud los llama «loosers», aunque aparenten lo contrario.

El caso de Lola Montes, que relatan Elffers y Green en su mundialmente famoso libro, es patético. Esta pérfida mujer provocó la caí­da del rey Luis de Baviera en 1848. Todos lo deberí­amos leer. Pero otra cosa es totalmente cierta, la historia de gente tóxica finalmente termina mal, siempre dan un fin terrible a sus vidas… lo lamentable, es que pasan contaminando a la gente común y corriente (o a gente muy importante), de la que siempre se aprovechan y sacan beneficios de toda clase.

Hace algunos años, también tuve la oportunidad de conocer un escrito de Lilian Glass, consultora de comunicación e imagen de celebridades en Estados Unidos y conferencista mundial. Ella logró sintetizar en forma muy simple, a esos monstruos que nos enfrentamos: la gente tóxica.

Dice Glass: «he comprobado la increí­ble importancia de las palabras. He visto los efectos devastadores de las palabras desagradables y de las acciones peligrosas de gente grosera sobre la vida de las personas». También refiere que muchas de las palabras dichas en la niñez, se llevan hasta la tumba, si no logramos sacudirnos de sus influjos y que es necesario que las personas entiendan, que uno NO tiene por qué «acostumbrarse a escuchar palabras soeces e incendiarias, como si fuese la respiración de un dragón enfadado.»

Hagamos a un lado a la gente tóxica ¡Solo nos enferman! Si alguien emplea palabras ofensivas, nocivas contra una persona, debe asumir la responsabilidad de sus consecuencias. ¡Las palabras no se las lleva el viento! Y otro consejo para algunos polí­ticos en plena carrera por la presidencia: el infortunio suele ser producto o culpa de la necedad? y entre quienes la padecen, no hay enfermedad más contagiosa.