La finta que nos pierde


Las y los guatemaltecos solemos ser fatalistas en extremo o al extremo de ser fatalistas. En el entendido que solemos inventarnos trampas, engaños o simulaciones para creer que podemos obtener resultados diferentes haciendo lo mismo que hemos estado haciendo.

Walter del Cid

Veamos rápidamente unos ejemplos. Se estigmatizó a Rodil Peralta cuando de diputado saltó a ser electo magistrado de la Corte Suprema de Justicia y de ahí­ pasó a ser su presidente. Hubiera sido presidente del Organismo Judicial durante los seis años del mandato constitucional vigente hasta antes de la reforma constitucional de 1994. Y se llegó al extremo. Ahora quien preside tan importante ente del Estado lo es tan sólo por un año. Ya vimos cómo les costó ponerse de acuerdo a los magistrados recién en octubre pasado. No es la institución la «mala». Lo «malo» es la forma de conducir las instituciones y éstas son dirigidas por seres humanos.

Otra institución que se está satanizando es la relativa al número de diputados. Se dice que son muchos. Que 80 es el número ideal. ¿Ideal para qué? Si hacia algo debiéramos apostar es a la forma en la que los elegimos. Muchos de nuestros representantes, quiérase o no, pasan por el anonimato que les ofrece el sistema electoral mediante el cual en una papeleta insí­pida no podemos reclamar su proceder después de que les hemos elegido. Es decir nos perdemos con la finta en la que está envuelta la forma de elegirles.

De los ejemplos anteriores pasamos a otra que debiera ser una importante institución como proceso para consolidar la propia institucionalidad de los entes del Estado. Me refiero a la de la reelección. El miércoles pasado en el amplio espacio que nos brinda La Hora, Félix Loarca Guzmán denigra la reelección como el «mal» endémico que nos tiene sumidos en un escenario que impide la «revitalización de la democracia». Para apuntalar sus argumentos ejemplifica la eventual reelección de los actuales diputados y alcaldes.

La democracia entonces y según este orden de ideas serí­a la renovación de todo mundo al frente de la cosa pública cada cierto tiempo. Otra vez nos vamos con la finta que nos hace perder la búsqueda del fortalecimiento democrático de las instituciones. Sinceramente creo que la generalización es un error craso a la hora de argumentar nuestras ideas. No es la misma forma mediante la cual se elige a un congresista que como se elige a un alcalde o como se elige, por delegación, a un importante funcionario como el magistrado de cualquiera de las cortes o al Contralor o al Procurador de los Derechos Humanos, por citar algunos ejemplos.

Podemos estar o no de acuerdo con la forma en la que se conduce o dirige un ente, sea este una magistratura, una alcaldí­a o el desempeño en el ejercicio desde una curul en el Legislativo. Pero la reelección por sí­ misma no es el «mal» que hay que combatir. Repito, es el procedimiento por medio del cual elegimos lo que se debe cambiar. Por ejemplo hay por ahí­ en un paí­s de Europa un Magistrado de Conciencia o Procurador de los Derechos Humanos que lleva seis reelecciones, con gobiernos diferentes. Toda una continuidad en el desempeño del fortalecimiento institucional. Entonces no nos perdamos con la finta por favor.