Hace muchos años, compartiendo curul en el Consejo de Estado con el licenciado César Augusto Toledo Peñate, tras conocerse la idea que planteamos con Amílcar Burgos para crear una comisión de postulación para integra el Tribunal Supremo Electoral, el abogado que había sido asesor legal en la Municipalidad en tiempos de Meme Colom me dijo: «No se olvide Oscar, que hecha la ley, hecha la trampa» y los mafiosos siempre encontrarán la forma de seguir haciendo de las suyas.
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He pensado mucho en esto al ver la forma en que se ha prostituido, tan rápidamente, la figura del colaborador eficaz, puesto que se ha mostrado como una puerta de escape para que cualquier criminal sin escrúpulos aproveche para tirar toda la porquería a otros acusados y salir en caballo blanco. Primero fue en el caso Rosenberg en el que se empezó a ver esa actitud y ahora en el caso Portillo se observa a uno de los integrantes del que puede ser el mayor y más tenebroso de los poderes ocultos, ofrecer su colaboración al Estado para terminar de hundir al Presidente que ya está con una pata en los Estados Unidos, dejando a salvo a todos los otros operadores del grupo conocido como La Cofradía, que volverán a quedar fuera del alcance de la justicia en el país.
No puede haber colaboración eficaz, en casos como éste, si la colaboración se queda únicamente en repetir lo que ya está probado en juicio y lo que no necesita ratificación. Portillo está en un proceso de extradición del que no se podrá librar fácilmente y la declaración del militar Salán Sánchez no hace sino ponerle la tapa al pomo, como decía Humberto Arias, o el último clavo a la sepultura, pero su colaboración no es más eficaz que un chisme porque lo que está diciendo no explica cómo es que el ex presidente fue cooptado por los poderes ocultos que lo utilizaron para saquear al país.
Por supuesto que le tenían que dar algo al Presidente, pero no puede uno imaginar que toda esa ayuda que recibió el Presidente fue tan sólo en cumplimiento de feroces órdenes. Se trataba de un trabajo conjunto en el que los que participaron se quedaron con su buena tajada, posiblemente mayor que la que dieron al mandatario. No olvidemos que mucha de la investigación realizada señala que Portillo fue instrumento de los grupos clandestinos, de los que son figura notable precisamente los militares Salán y Rojas. Y ser instrumento significa que uno no está en la mera rosca, que no está en el cogollo de la toma de decisiones .
Otra cosa sería la colaboración eficaz si se explicara cuál ha sido el papel y rol de La Cofradía desde que se organizó allá por los tiempos de Lucas cuando en el Ministerio de Finanzas funcionaba un grupo de inteligencia militar para controlar las aduanas, supuestamente, para impedir el trasiego a favor de la guerrilla. Pero simplemente para hundir a Portillo no tiene sentido porque eso lo puede hacer cualquier individuo inescrupuloso que, con tal de librarse de un juicio, quema al amigo que confió en él durante tantos años.
No puede esperarse ningún escrúpulo de los criminales, pero no cabe duda que ese oficio del delator es de los peores que puede haber y lo pueden realizar sin complicaciones ni problemas aquellos que no tienen entereza ética y moral para joder al amigo al que en algún momento juraron lealtad eterna. Pero de la delación a la cooperación eficaz hay diferencia y la misma estriba, justamente, en la eficacia de la colaboración. Repetir lo que ya se sabe no es eficaz. Denunciar comportamientos criminales realizados durante muchos años sería otra cosa.