La Feria de la Asunción


Si usted llama Fiesta Titular, o Feria Patronal y de la Asunción, a los festejos agostinos de la ciudad, acierta. El evento religioso en homenaje a la Virgen de la Asunción tiene relevancia este 15 de agosto. Su marco es el antiguo poblado de Jocotenango, absorbido por el ensanchamiento capitalino, tiempo ha.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

La conciencia colectiva abre de par en par sus puertas. Sobrados motivos asisten a millares de visitantes, en función de una mantenida tradición. Cuya apologí­a la pluma brillante de escritores de antaño se encargaron con el ingrediente de la identidad, de llenar ampliamente los espacios de la historia nacional.

Esos sitios, pese al desarrollo citadino, lo mismo que el proceso evolutivo, siempre constituyen un foco de atracción. Es reandar por los antiguos caminos en viaje retrospectivo especial, elemento primordial que

posibilita en el presente la evocación como también la reiteración del referido acontecimiento anual.

El suceso con asiento en los dominios de Jocotenango, sirve a la vez de nombradí­a a tiempo de darle el tí­tulo sonoro de Feria de Jocotenango. Viene a ser el parangón entre épocas distintas en igual cuadro, sin embargo, con un denominador común, a fuerza de traslucir un chapinismo auténtico inconfundible.

En modo alguno significa que al norte capitalino donde se lleva a feliz término el evento ferial agostino, podrí­a escuchar y mentalizar acaso hasta los pasos de tanta gente de antes. Ni que fuera la caja mágica emparentada con un caleidoscopio retratando aquel sinfí­n de imágenes y algarabí­a pretérita.

Hoy en dí­a los numerosos juegos mecánicos, infraestructura fí­sica moderna que choca con una y otra champa sencilla pero decorosa, demuestran convivencia pací­fica, más deseosa se tratase de seres humanos. Puestos de ventas parlanchinas y a veces agresivas se enfilan mediante simetrí­a bilateral entre aires de jolgorio.

Y conste que la proliferación natural en tiempos de crisis de tan tradicional vendimia conforma competencia a lo grande. Como son las abigarradas muchedumbres endomingadas para tan significativa ocasión. Además es la razón evidente para que las respuestas posteriores de vendedores en general sostengan que estuvo silencio.

La avenida Simeón Cañas, a tí­tulo de arteria aorta de la gran ví­a, luce sus mejores galas y vestimentas por dicho motivo. Los centinelas centrados en sus alamedas respiran y exhalan mucho más oxí­geno, a fin de contrarrestar puntuales la tremenda contaminación ambiental, que se agiganta con impresionante vigor.

Usted compra poco, no obstante plurales demandas de su grupo familiar. Ello atribuido de seguro al elevado costo de vida que no perdona colores ni tamaños. Agua se vuelven los devaluados quetzales difí­ciles de ganar, empero la enorme satisfacción de acudir a la Feria agostina vale mucho, cuantitativamente y de cualitativa connotación.

Visitantes diversos en una gama de singular mercadotecnia afloran presurosos como quien dice van a recibir herencia. Proceden del ámbito capitalino, del interior del paí­s y más allá de nuestras fronteras patrias. Dispuestos no cabe duda a diluir algunos grados de melancolí­a, estrés y abatimiento del estado de ánimo.

Para todos los gustos, antojos e intereses la tradicional Feria Titular de la Asunción, nuestra patrona religiosa, hay satisfactores según el indicador infalible de los bolsillos. De consiguiente, a la postre quienes acuden al evento de mérito dicen con seguridad: cada quien habla de la feria como le fue en ella, ¿verdad?