Conversaciones y reencuentros entre amigas, una copa de vino y a alguien se le ocurren cosas. Mi amiga Elena, mi educadora sexual de la adolescencia. Pronuncia estas palabras cuando confunde lo que le estoy diciendo. «Puchis, la falta de sexo da sordera».
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Les he de compartir que he pasado un fin de semana encantador, he participado de una reunión de mis amigas desde mi adolescencia y juntas hemos reído y reído, así como, disfrutado de hablar muchas, pero muchas pendejadas. Una de ellas ha sido nuestra educación sexual, nuestras experiencias temerosas, temerarias, alegres, no tan alegres y en fin nuestro miedo ante «eso».
Cada vez que hablo con alguna persona o paciente en general sobre sexo, me refieren a «eso». Es casi como lo innombrable, lo que tiene que ser omitido, pero que con mucha frecuencia se menciona. No sé si «eso» sea algo exclusivo de nuestra cultura en Guatemala, o en otros países se hable también de eso y no se le dé su nombre.
Bueno regresando a Elena, en mi primera ocasión ante la posibilidad de un noviazgo recurrí a mi amiga y consejera, para preguntarle: Elena ¿Qué debo de hacer ante la inminente declaración de un noviazgo, que por supuesto yo si quiero? Ella me dijo: Bueno, la primera vez que te diga algo, tú dile que no, me pareció extraño, pero dije: ella sabe más que yo, entonces le haré caso. Pero ¿Y la segunda vez que me diga algo?, también dile que no. ¿Pero porqué?, si yo quiero decirle que sí.
Tú espera la tercera vez, al hombre le gusta que le cuesten las cosas y si no tú vas a parecer una mujer fácil. Y entonces también le hice caso.
Pero Elena, de plano que me va a querer besar y eso me da miedo, nadie me ha besado y no se cómo se hace. Mi amiga con aires de ser muy experta y conocedora en el tema me dice: Cristina, eso es algo muy instintivo, tú haces lo que te hagan… y allí fue uno de mis comienzos de mi educación sexual.
Al recordar ello nos hemos reído mucho, parece una historia inverosímil, de ingenuidad, de mujeres jóvenes lanzadas a la vida sin mucha confianza y conocimiento de lo que nos ha de tocar vivir como mujeres.
Pero yo en fin quedé agradecida con mi gran amiga, porque creo que nadie me pudo decir algo de corazón mejor que ella.
Me introduzco en este tema con una experiencia personal, pero mi adolescencia ya pasó hace algunos, pero muchos años y me temo que aún las y los jóvenes adolescentes continúan experimentando de manera similar el desconocimiento de lo que implica el inicio de la vida sexual, la responsabilidad, la necesidad de confianza y protección ante este inicio.
En los planteles educativos se ha tratado de llevar orientación sexual a las/los estudiantes, pero creo que aún hablamos de la polinización, de las cigí¼eñas y que es oportuno hablar del tema de sexualidad de la forma más real posible, acorde al grado de desarrollo psicosocial de cada joven.
Si continuamos hablando de «eso» y en realidad no hablamos con nuestros jóvenes de sexualidad, estamos cometiendo un gran error, porque estamos obviando los riesgos de embarazos no deseados, embarazos en adolescentes, de la posibilidad de contraer enfermedades de transmisión sexual como HIV, SIDA, hepatitis, papilomas y otras.
Además estamos desprotegiendo a una población susceptible de ser abusada, de ser dañada en su autoestima con lesiones graves para su vida futura, algunas veces de carácter irrecuperable.
La vida es una y es agradable vivirla, el sexo es parte de ella, pero para poder desarrollar una sexualidad placentera hemos de preparar y recuperar de lesiones abusivas a nuestros jóvenes. Proporcionándoles una educación científica y humana a lo que sensualidad y sexualidad corresponda.