La expulsora Guatemala (I)


La globalización y la emigración han sido las principales marcas de esta última década en Latinoamérica, es una época en la cual capitales y mercancí­as circulan sin trabas, pero también es un mundo donde muchas personas sueñan con un visado imposible o se juegan la vida para alcanzar esa frontera prohibida. Mientras algunos pocos aprovechan la interconexión comercial con otros paí­ses, grandes contingentes humanos se marchan en búsqueda de las oportunidades que su propio paí­s les ha negado. Este flujo de personas constituido desde mano de obra no calificada hasta técnicos y profesionales altamente calificados, explica su salida al extranjero por las mismas causas, pobreza, inseguridad, persecución y falta de oportunidades.

Guillermo Wilhelm

Y es así­ como a Guatemala no le ha resultado difí­cil formar parte de los paí­ses latinoamericanos que se encuentran actualmente expulsando población.

¿Cómo podí­amos quedarnos atrás con ese 55% de la población viviendo en pobreza y más aún con un 23% que se debate en la extrema pobreza? Por supuesto, a que le apostamos cuando un Estado no está consciente de la importancia de invertir lo suficiente en salud, educación, vivienda y establecer las condiciones para la creación de fuentes de empleo, pues evidentemente en un paí­s empobrecido con una creciente inseguridad ciudadana. De ahí­ la importancia de entender que son las causas y no solamente los efectos de la violencia lo que debemos atacar, pues son estas las que representan los grandes factores destructores de la sociedad y sobretodo los mayores detonantes que han causado el éxodo masivo de guatemaltecos hacia otros paí­ses. Hoy, ese casi millón y medio de guatemaltecos que viven en Estados Unidos, se han sumado a otros flujos hispanos provenientes del mismo hemisferio y al mismo grupo latino estadounidense alcanzando una población de 44.3 millones de personas, convirtiéndose así­ en el segundo grupo racial de ese paí­s. Desde hace algunos años los hispanos en la Unión Americana ya lograron rebasar demográficamente a la minorí­a negra, que hoy con 40.2 millones de personas ya han sido relegados a un tercer lugar.

Para la mayorí­a la situación en casi todos los paí­ses del continente latinoamericano representa una vida verdaderamente difí­cil, unos culpan a la globalización y otros a la corrupción y a la falta de polí­ticas públicas generadoras de oportunidades. Hasta ahora la emigración ha representado esa válvula de escape que significa en Guatemala y otros paí­ses latinoamericanos el crecimiento poblacional y la falta de oportunidades que solamente una economí­a estrecha como la nuestra puede ofrecer. Y la pregunta del millón resulta ser, ¿por cuánto tiempo más tendremos como bálsamo de nuestra economí­a al fenómeno migratorio? De ilusos serí­a creer que esto es permanente, y la prueba no es otra que la nueva ley migratoria que si bien es cierto fracasó este año en el Senado, es indudable que será agenda prioritaria para la nueva administración estadounidense que se instalará en 2009. Y el ingrediente más letal de la nueva ley migratoria, representada en la propuesta HR4437, lleva implí­cita su intención. Ya no quieren más latinos. Continuará.