La evasión fiscal afecta también a las potencias


Eduardo_Villatoro

Cuando se observa impotente la implícita negativa de la mayoría de los diputados al Congreso de promulgar leyes relacionadas con la liberación del secreto bancario y el control de evasiones fiscales, uno piensa que sólo en Guatemala se utilizan subterfugios para mantener un sistema que persiste en seguir enriqueciendo a los potentados, y empobrecer más a los grupos marginados, pero el mismo fenómeno, sólo que en otras proporciones, ocurre en naciones industrializadas y que tiene al borde del desastre económico y financiero a la Unión Europea y se extiende a Estados Unidos.

Eduardo Villatoro


Al navegar en el espacio cibernético me encuentro con un despacho de la agencia IPS conteniendo el reporte de Julio Godoy, quien cita a la Red de Justicia Fiscal, que investiga la evasión impositiva internacional y el papel de los bancos en los paraísos fiscales, estimando que uno 11.5 billones de dólares de activos están guardados en bóvedas de seguridad, que hace que los estados dejen de recaudar alrededor de 250 mil millones de dólares anualmente.

   Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) subraya que “La evasión y el fraude fiscal ponen en riesgo los ingresos de los estados”, recordando que el senado de Estados Unidos estima que se perdieron 100 mil millones de dólares al año por evasión fiscal que cometen personas acaudaladas y reputadas empresas de esa potencia. Los activos se encuentran en paraísos fiscales, como los territorios británicos de Man, Guernsey y Gibraltar, y en las islas Caimán y similares, aunque también en instituciones financieras que operan en Londres y Nueva Cork, entre otras populosas ciudades, y en países como Suiza, Singapur y Mónaco.

   Los delitos financieros -precisa el análisis- ocurren cuando las naciones del Norte industrializado atraviesan una grave crisis de deuda soberana que ha dejado a varios de ellos en bancarrota. El problema se originó, o por lo menos se agravó, con la crisis financiera que se gestó en 2007, precisamente porque los bancos quedaron al borde de la quiebra y debieron ser rescatados por los estados para evitar la caída del sistema financiero.

   Sin embargo, esa ayuda no hizo más que echar a andar una crisis financiera cíclica, lo que ha provocado que bancos españoles, griegos y chipriotas reclamen asistencia de sus respectivos gobiernos, que sacrifican a sus ciudadanos recortando el gasto en servicios públicos básicos, como educación, salud e infraestructura, todo lo cual se hace para que los mercados financieros internacionales sigan operando casi sin regulación, mientras que los “banksters” se asignan salarios principescos y bonos cuantiosos.

   Al respecto, el despacho de la agencia IPS señala que medios de comunicación, dirigentes políticos y ciudadanos europeos arremeten contra los banqueros, acusándolos, en el mejor de los casos, de ser cómplices de innumerables operaciones ilegales, y, en el peor, de ser delincuentes. El ejemplo de esta ola de indignación es el uso de la palabra “bankster”, combinación de “banker” (banquero, en inglés) y gángster, incluso utilizada por medios de países no anglosajones.

   En los propios Estados Unidos se acusa al banco HSBC de lavar dinero de narcotraficantes latinoamericanos y de organizaciones islámicas involucradas en actividades terroristas, y otro escándalo puso al descubierto la connivencia de instituciones internacionales para falsificar información sobre las tasas de interés interbancarias, incluyendo a Barclays, Citigroup, JP Morgan Chase, UBS, Deutsche Bank y otra vez el HSBC.

   Ante la cuantía mega millonaria de los casos citados, los guatemaltecos estafados por Bancafé y el Banco de Comercio deberían sentirse consolados ¿O no?

   (Romualdo Tishudo cita al humorista Mark Twain, al referirse a bancos de Estados Unidos, por supuesto: -Un banquero es alguien que te deja su paraguas cuando hace buen tiempo; pero en cuanto empieza a llover te exige que se lo devuelvas).