La eternidad del cangrejo


Hablar sobre la eternidad del cangrejo es hablar sobre cualquier cosa. ¿Se ha dado cuenta de que los guatemaltecos nos da por creernos expertos en todo? Basta con ver a ciertos columnistas que hoy hablan sobre discriminación y mañana sobre obras de teatro; hoy sobre seguridad y mañana sobre la nobleza de la leche, sobre la Incaparina; hoy sobre la pena de muerte y mañana sobre la importancia de tener mascotas, especialmente un perro. («Como monedas tintineó su tema la desilusión», S.R.)

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

No sé si es sólo un fenómeno de la opinión periodí­stica en Guatemala; actualmente, hay tantos columnistas y de toda clase de profesiones, hablando de cualquier cosa, que da mala impresión. De hecho, comerciantes neoliberales ocupan buena parte de la opinión en el paí­s, lo cual no es beneficioso, puesto que sesga la opinión sólo para un lado de quienes necesitan el diálogo (monólogo).

Las buenas ideas se convierten en vulgares y las alternativas que se presentan son, a veces, absurdas. («Abrió un negocio, reanimando el ocio, la desilusión. Como turismo inventó el abismo la desilusión. Tocó el diamante y lo volvió a carbón, y al atorrante lo sembró en la administración», S.R.)

De hecho, me da la impresión que los guatemaltecos nos gusta tener una opinión ligera, sin profundizar. He ahí­ varios ejemplos. Un anuncio aconseja a los usuarios de supermercados (porque sólo ahí­ se puede) donar su miserables centavos, que de todos modos irán a dar a una caja o un frasco por su inutilidad, para que se compren computadoras para la educación. El tema despierta dudas, puesto que en las escuelas ni siquiera se da a los niños libros al año para que los conserven y les sirvan de referencia en grados posteriores, sino que los tienen que devolver a fin de curso; o en colegios de poca reputación que piden dentro de la lista de útiles papel higiénico para que sus niños puedan ir al baño, porque ni eso es capaz de ofrecer un negocio educativo. Y eso, sin exponer los verdaderos problemas educativos, como poca capacidad de retención por la malnutrición, las migraciones de cosechas, la repitencia, la deserción y la falta de mobiliario e instalaciones adecuadas; pero si pensamos que donando cinco centavos cada vez que compramos abarrotes ayudamos a ello, la verdad es que las soluciones a las que nos enfocamos es apostarle a la eternidad del cangrejo.

Recientemente, aunque todaví­a continúa, se ha discutido sobre la pena de muerte, olvidando, a veces, que el tema pasaba sólo sobre el indulto presidencial. Se discutí­a que si la pena capital serví­a, o no, para persuadir a los delincuentes. Sin embargo, no se le entraba al toro por los cuernos, y se nos olvidaba que más del 90% de los delitos en el paí­s no reciben condena, y la gran mayorí­a de ellos ni siquiera llegan a Tribunales. En un caso hipotético de la vigencia de la pena de muerte, el 90% de los delincuentes que la mereciesen andarí­an sueltos por la calle. De nuevo se perdió el objetivo, por hablar de la eternidad del cangrejo.

Y si se trata de hablar de la eternidad del cangrejo, pues habrí­a que referir que el pobre crustáceo se ha creado mala fama, sobre todo entre los neoliberales, por su caracterí­stica de caminar para atrás; pero al menos, se mueve y no como el establishment que busca, a través de sus columnistas, defender lo indefendible, a fin de que todo quede como esté, sin animarse a buscar otras soluciones («Â¿Quién sabe quién va más lejos, la montaña o el cangrejo?», F.C.). Baste seguir con interés las supuestas acciones que la clase polí­tica están haciendo para resolver la inminente crisis energética, de combustibles y de electricidad, y las soluciones que discuten, que más parece que hablan sobre la eternidad del cangrejo. («Qué delirio en interrogación, qué suicidio en investigación: brillante exposición de modas la desilusión». S.R.)

http://diarioparanoico.blogspot.com