La estructura es el problema


Las limitaciones alimentarias y nutricionales que están padeciendo más de 34 mil familias en varios de los siete departamentos que conforman el denominado «Corredor Seco», es una cruel lección que nos evidencia cómo el neoliberalismo acentuado en su imposición, a partir de la administración de ílvaro Arzú, se está cobrando la factura de haber favorecido a los privilegiados de este paí­s.

Walter Guillermo del Cid Ramí­rez
wdelcid@intelnet.net.gt

He sostenido en el pasado que cuando muchos guatemaltecos mantení­amos expectativas positivas respecto de la Firma de la Paz, pomposamente denominada en aquel entonces como «Paz firme y duradera», (allá en 1996), los colaboradores más cercanos y oportunistas (autodenominados «liberales») de dicha administración, fraguaron y llevaron a la práctica el desmantelamiento de la frágil composición del Estado de Guatemala, a esas acciones se le llamó «desincorporación». Hoy, algunos de esos colaboradores aún rodean, sirven y se sirven de su «Tonatiuh» en la administración municipal.

Por ejemplo el Ministerio de Agricultura, Ganaderí­a y Alimentación, MAGA, antes de 1997, contaba con una organización que aún y en medio de las limitaciones, solí­a brindar una atención a un espectro de población que iba desde las economí­as agrí­colas de subsistencia y aún por debajo de esta lí­nea, hasta las excedentarias y de exportación (los productores de azúcar, café, cardamomo, etc.). En ese año (1997) se le dio un giro total a la gestión pública del gobierno central. Para el caso de la MAGA, representó el cierre de la Dirección General de Servicios Pecuarios, la Dirección General de Desarrollo Agrí­cola, entre otras, así­ como la cesión (ví­a usufructo) de importantes inmuebles para flamantes universidades «privadas».

Con dicho debilitamiento, recordemos que se solí­a argumentar en la necesidad de propiciar un «Estado delgado», pero eficiente, se estimularon las denominadas «exportaciones no tradicionales», entre otras, hortalizas, helechos y florales. Ha habido grupos de organizaciones campesinas que últimamente se beneficiaron, pero el grueso de la atención estuvo en manos y gozando de la atención, asistencia técnica y financiera de grandes poseedores de capital. La sustitución de cultivos, repito, de hecho privilegió a los privilegiados. La composición y estructura de la pirámide productiva volvió a favorecer a aquellos históricamente favorecidos.

Doce años más tarde, el andamiaje de la estructura estatal se nos presenta con un total descuido hacia la mayorí­a de la población rural. Hoy la ausencia de la presencia del Estado en la estratégica, como importante función de la promoción del desarrollo desde y hacia lo rural es un duro y complejo escenario. Los frágiles cuerpecitos de niñas y niños, con evidentes sí­ntomas de una malnutrición, debieran pesar en aquellos que transformaron al MAGA en esa cerrazón institucional de hoy dí­a.

A pesar de la fragilidad presupuestaria que se le ha impuesto en los últimos ejercicios fiscales, su impronta estarí­a por realzarse de nuevo. Quizás haya posibilidades de restituir plenamente su capacidad de desempeño. Se ha heredado una institución con deficiencias estructurales. Un ente al servicio de unos pocos. La desnutrición que padecen nuestros paisanos es resultado de ese sesgo en el servicio que de lo público pasó al beneplácito exclusivista de unos pocos. El rescate de la funcionalidad institucional es el imperativo que ha de impulsar la labor de este ministerio. Hacerlo de otra manera es una traición con conocimiento de causa. Traición en contra de los más necesitados.

Hoy, como hace pocos años, el paí­s está encarando escasez de alimentos, por ahora aún en estado incipiente. El abandono de un significativo número de habitantes de las comunidades rurales del paí­s se traduce en esas condiciones de precariedad y ausencia productiva. Los efectos del cambio climático se habrán de ensañar más contra los más débiles. Triste escenario al que asistiremos en medio de nuestras fortalezas y fragilidades institucionales. Pero, esta crisis puede ser la oportuna ocasión para restituir aquello que estructuralmente se encuentra distorsionado y malformado. Espero no equivocarme y que se pueda contar con la capacidad de fortalecer la presencia estatal para combatir estos lastimeros í­ndices para incrementar las oportunidades productivas y de empleo.