Ayer recibí un mensaje del señor Jorge Aguirre, lector de La Hora, en el que me pedía que comentara el tema de las estadísticas de la violencia que maneja el Procurador de los Derechos Humanos porque, a su juicio, decir que pasan de 6 mil los muertos por violencia en este año afecta seriamente la imagen del país. El correo electrónico dice textualmente: «El motivo de la presente es para ver si usted puede hacer un comentario respecto a las estadísticas de personas asesinadas lamentablemente en Guatemala, hechas por el Procurador D.H. él dice que van más de 6 mil este año, lo cual no creo que sea posible, ya que en México que están en una Narcoguerra, son mas de 5,400; no puede ser que en Guatemala sean más; yo lo veo casi imposible y lamentablemente algunos guatemaltecos inflan cifras, y los mexicanos desinflan cifras para no tener mala imagen. Considero que estos funcionarios deben de ser buenos guatemaltecos. Gracias. Jorge Aguirre».
ocmarroq@lahora.com.gt
En primer lugar cuesta mucho llevar una estadística precisa de la violencia en Guatemala porque, efectivamente, hay muchos intereses en juego y mientras unos escamotean datos, otros los inflan, aunque revisiones de la ¨Prensa permiten establecer que no resulta del todo descabellada la cifra que está manejando el Procurador de los Derechos Humanos y que se traduce a un promedio de unas 16 muertes diarias. Pero el problema de la imagen que proyectamos como Nación no está en esas estadísticas ni en lo que digan o dejen de decir los funcionarios, sino simple y sencillamente en que somos un país que no puede aplicar la justicia correctamente y que con la impunidad tremenda que sufrimos, estamos alentando a los criminales para que sigan con su macabra tarea.
Ciertamente aquí es muy fácil que cualquiera se saque de la manga cifras polémicas como la que asegura que hay en el país más de 800 mil armas ilegales en manos de particulares, lo cual es imposible verificar. O la misma cifra de los muertos durante el conflicto armado interno que últimamente ha generado debate en algunos círculos del país.
Pero no podemos negar que somos una sociedad extremadamente violenta y que va en aumento constante la cantidad de personas que mueren a manos de criminales y ese es el punto que nos debe preocupar. No es simple cuestión de preservar una falsa imagen manejando las cifras de manera que no reflejen esa situación, sino de combatir con empeño la impunidad y restablecer el estado de Derecho en el país. Para ello hace falta un verdadero pacto de todos los sectores de la sociedad porque nadie está inmune ante el avance de la delincuencia, especialmente cuando vemos la forma en que el crimen organizado penetra nuestras instituciones y las convierte en su chamarra para taparse.
Claro está que duele ver lo que las estadísticas reflejan de nuestro país y entendemos que ello daña la imagen de Guatemala ante el mundo entero. Pero el problema de imagen no lo genera la estadística, sino lo generan los hechos concretos y ciertos que ocurren; yo, como el señor Aguirre, quisiera que las estadísticas de la violencia fueran menores pero no me gustaría que las alteraran simplemente en un mal entendido concepto de patriotismo para «no dañar la imagen de Guatemala». No es la imagen lo que debemos cambiar, sino nuestra dolorosa realidad y eso demanda compromiso de todos los guatemaltecos.