«La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose» -Julio Cortázar-
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¿Qué nos queda en un país como este? ¿Se vale conservar un poco de optimismo?
¿Se vale aún tener esperanza en un lugar donde sigue impune el secuestro y asesinato que hace 26 años un grupo militar perpetró contra Juana Ramírez, uno de sus hijos y dos nueras, porque se atrevían a cuestionar, a pensar y luchar por el cambio estructural necesario?
¿En un país donde hace pocos días, en pleno 2010 también un grupo armado con similares características, secuestró y asesinó a Emilia Quan, una joven mujer socióloga que con su trabajo de investigación decidió contribuir en la construcción de un mundo diferente?
¿Qué nos queda cuando nos golpean tan profundo, nuestra humanidad se siente diminuta y nos intentan convencer que a quien decide evidenciar las causas originales de tanta exclusión, racismo y desigualdad, el camino que le espera es la muerte?
Es complejo y definitivamente un proceso fuerte, pero no podemos ceder y dejarnos caer. No podemos permitir que en 36 años de posguerra los muertos superen los 163 mil, como lo advirtió recientemente en un estudio la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (ODHA).
La violencia política generada años atrás nos sigue cobrando hoy la factura, se alimenta de esas estructuras nunca desarticuladas y se ampara en la falta de compromiso con la verdad.
Durante años se nos enseñó que la única manera de conseguir orden y disciplina en este país es mediante la fuerza militar, la humillación, la mano dura y la sanción física.
No podemos apostar por la muerte. No podemos apostar por la impunidad. No podemos dejar de indignarnos cuando LIDER, Patriotas y Unionistas nos sugieren el regreso a tribunales militares, jueces sin rostro, pena de muerte, o el mismo fascismo.
Una solución integral al problema de la impunidad será posible con mayor bienestar social, un Estado activo y responsable, con capacidad y voluntad política de cumplir al clamor por justicia y verdad.
Se acerca un nuevo año, también un nuevo proceso electoral, esta es la oportunidad que nuevamente llega a nuestras manos para reflexionar, convertimos en personas críticas y evidenciar a quienes no se comprometen contra la arbitrariedad.
Es tiempo de apropiarnos y recuperar el verdadero significado de la esperanza, no aquella verde y falsa con manos entrelazadas, sino la nuestra, la de todas y todos apostando firmemente por la vida.