La escoba nueva


La sabidurí­a popular dice que toda escoba nueva barre bien, pero en polí­tica y especialmente en el arte de gobernar la historia nos ha demostrado que lo que es válido para la limpieza del hogar no es equivalente para la limpieza de la Patria. Pero pese a las experiencias previas, es indudable que en la sociedad existe hoy la esperanza de que se pueda aplicar el dicho y que efectivamente el gobierno que se instalará hoy por la tarde pueda superar las justificadamente escépticas expectativas de la población.


Se discute mucho ahora si es lógico y conveniente dar a un nuevo gobierno el beneficio de la duda porque algunos sostienen que desde los primeros actos y las primeras decisiones ya se está marcando el perfil y, además, que quien llega al poder debe hacerlo con la suficiente preparación para iniciar su gestión sin titubeos ni dudas. Pero la naturaleza humana hace que todo cambio, aunque sea superficial, tenga trascendencia positiva en cuestiones profundas y por lo tanto aunque la experiencia aconseje lo contrario y las evidencias aumenten las suspicacias, de todos modos subsiste la ilusión de que, ¡Por fin!, se produzca un cambio que traiga desarrollo y prosperidad para beneficio de todos los habitantes del paí­s.

La Hora pretende continuar con este gobierno el papel que ha tenido a lo largo de su existencia en la búsqueda no sólo del bien común, sino de la justicia, la equidad y el pleno ejercicio democrático. En ese empeño no pensamos variar nuestra postura que ha sido crí­tica cuando las circunstancias lo demandan, pero también respetuosa y comedida para no caer en el desahogo de pasiones que tanto daño le han hecho al paí­s. No creemos que seamos contralores del ejercicio del poder, sino simplemente un canal para que los ciudadanos se informen y además para que puedan opinar y expresar sus puntos de vista respecto a la realidad nacional. Por supuesto que como medio tenemos nuestra visión de Guatemala y de sus necesidades y estaremos insistiendo en la necesidad de que el Estado asuma su tarea y cumpla con sus obligaciones constitucionales, empezando por aquella que le obliga a garantizar la seguridad a los ciudadanos y a preservar el imperio de la ley.

No hablamos de beneficios de la duda porque no estamos empuñando la pluma conteniendo ansias para empezar la tarea destructiva. Por el contrario, hoy, como cuando termine la luna de miel de quienes decidan pactarla, estaremos atentos para señalar lo que a nuestro juicio son errores, desaciertos o perversidades, pero también estaremos listos para apoyar cualquier esfuerzo por construir un orden social, polí­tico, económico y cultural que ponga fin a años de intolerancia y exclusión. Por ello, a pesar de las lecciones de la historia, queremos que la escoba nueva sirva para barrer las lacras.