Tras casi medio siglo de investigación, al fin salió a luz uno de los más interesantes trabajos sobre Derecho Constitucional realizado en nuestro país. Mi grande y viejo amigo, el doctor Jorge Mario García Laguardia, con el apoyo de la PDH en las postrimerías de la administración de Sergio Morales, publicó su libro “Constitución y constituyentes del 45 en Guatemala”.
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Recién vuelto a Guatemala de su primer exilio en 1960, Jorge Mario empezó a dar clases de derecho constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos y desde entonces pensó en la importancia de un estudio histórico y teórico de la Constitución del 45, aprovechando que a la sazón muchos de los que participaron en la aprobación de la Carta Magna estaban vivos y activos.
Nunca tuvo gran apoyo para realizar la acuciosa investigación y fueron alumnos suyos quienes lo ayudaron, razón por la que la obra le tomó tanto tiempo para quedar al fin plasmada en libro y es de reconocer el aporte que hizo el doctor Morales para evitar que ese valioso material quedara inédito. Sobre todo porque recoge vivencias que son en realidad edificantes para entender que nuestra Guatemala no ha sido siempre como hoy, que hubo tiempos en los que nuestra clase política fue en realidad digna, comprometida con el país y con los asuntos de interés nacional.
Este libro de Jorge Mario debiera ser lectura obligada en cualquier curso no sólo de derecho constitucional, sino sobre todo en cualquier curso de civismo, porque nos permite encontrar ejemplos de que se puede participar en la vida política del país con dignidad, con principios y decencia, cosa que hoy a muchos les parece absolutamente imposible dada la forma en que se ha ido corrompiendo nuestra deteriorada institucionalidad democrática.
Por supuesto que la Constituyente del 45 no estuvo ajena a presiones de grupos de poder ni a las diferencias ideológicas que en ese tiempo enriquecieron tanto el profundo debate de nuestra estructura jurídica. Jorge Mario destaca la importancia que tuvo la celeridad del trabajo de los constituyentes para impedir cualquier tentación de prolongar la existencia de la Junta Revolucionaria de Gobierno y para dar posesión en tiempo al ya presidente electo, doctor Juan José Arévalo, así como la forma en que se refleja en la Constitución el conflicto y las ambiciones que caracterizaron a las dos figuras más importantes y trascendentes de esa Junta, es decir los militares Francisco Javier Arana y Jacobo Árbenz Guzmán, lo que se plasma al final en la manera que se redactó el famoso estatuto del Ejército con una Jefatura de las Fuerzas Armadas reservada para el primero de los nombrados y que al final sería causa de tanta confrontación que hasta le costó la vida a don Paco Arana.
Pero las discusiones sobre el voto del analfabeto, el voto de la mujer, el tema religioso, los derechos económicos y sociales, la sucesión presidencial y la forma en que se ignoró el tema indígena, son parte medular del libro de Jorge Mario.
Las entrevistas con los constituyentes son la guinda del extraordinario pastel porque leyendo uno lo que cada uno de ellos recuerda casi dos décadas después de haber sido diputados, enriquece el civismo de la patria y nos alienta en una sana envidia por esos tiempos en los que los hombres más ilustres se ocupaban de la cosa pública, se comprometían en el servicio político con hidalguía para defender sus creencias, sus principios y sus valores.
El viernes recibí el ejemplar del libro de Jorge Mario del que tantas veces hablamos cuando él me mencionaba la entrevista con mi abuelo y me lo he devorado. Ojalá sea ampliamente difundido, sobre todo entre la gente joven que no tiene ni idea de que hubo épocas en que ser diputado era un honor, una alta investidura para servir y representar al país, extremo impensable para la juventud de hoy.