La Empresa Eléctrica y las cuentas de tí­a Coneja


No admite discusión el hecho de que en este paí­s de la eterna primavera y de la eterna fregadera nos sentimos en un paraí­so de abusos a cuales más intolerables.

Marco Tulio Trejo Paiz

Cada mes se nos está agobiando con los pesados fardos económicos por concepto del servicio de energí­a eléctrica, entre otros que por conocidos debemos soslayar.

La Empresa Eléctrica de Guatemala que, dicho sea de paso, hace buen rato dejó de ser de Guatemala por haber caí­do de lo alto en manos de extranjeros, está desplumando que da horror a la millonaria masa de usuarios de un servicio que, francamente, constituye un sacrificio contra la pobrerí­a, a lo fenicio.

Los cobros del avorazado ente que puso fuera de sus dominios al no muy bien recordado Papi K-Listo que, en menor grado, también se pasaba de listo, van en crescendo cada mes y, así­, saca de sus casillas a los consumidores del fluido.

¿No es rara o, como dicen los charros, «rarosa» la coincidencia de que por un perí­odo se cobra tanto y por el siguiente la «tarascada» es casi igual, con la diferencia de pocos centavos? Y… ¿no es «raroso» a la vez que cuando se ha desocupado una habitación la empresa del cuento siga cobrando casi lo mismo en perí­odos subsiguientes? Esto mueve a pensar que no ha sido leí­do el respectivo contador, sino que las «cuentas de tí­a Coneja» se han hecho antojadizamente, desde un escritorio, a la mejor conveniencia de oscuros intereses.

Lo correcto u honesto serí­a que, cada vez que se da lectura a los aparatos utilizados para ejercer el control del consumo de la fuerza motriz, se entregara en cada unidad inmobiliaria cualquier papelucho con los datos obtenidos del contador o contadores. ¡Ah, pero eso no conviene a una empresa que las «golondrinas» del capital foráneo explotan a sabor y antojo! ¡Ni que dudarlo, estará diciendo Juan Chapí­n!

Cabe preguntar: ¿Qué diablos hacen los burócratas que han sido nombrados para evitar el desplumadero social que estamos comentando? ¿Será, será? que la corrupción asimismo campea en los entes sufragáneos del ministerio de Economí­a? ¡Sólo eso faltaba!

La gente que nos está gobernando debe dar muestras inequí­vocas de velar realmente por los intereses de un pueblo que ya no aguanta con el yugo económico que le han colocado los insaciables arquetipos del «lagartismo»?

A los paracaidistas que cayeron en nuestro solar desde veinte mil metros de altura, para aprovechar lo enjundioso del ente en mención, hay que tratarlos con todo el rigor de la ley. Deben deducirles responsabilidades en cuanto a la extorsión que, con derroche de abuso, están haciendo contra un pueblo innocuo, por demás aguantador. Recordemos que en los tiempos bí­blicos el Mesí­as -el Hijo de Dios- sacó de sacro templo a indeseables mercaderes.

Los señores de la «socialdemocracia», que actualmente empuñan las riendas del poder, deben demostrar con hechos y no simples palabras que se las lleva el viento, estar dispuestos a trabajar como los verdaderos estadistas apartados del montón de politiqueros, a fin de procurar bienestar a toda una sociedad que se encuentra en plena crisis, presa de la angustia, de la zozobra, de la desesperanza y como a punto de tronar.

Otrora, aun cuando no habí­a tan graves problemas como los que ahora bullen en todo el ambiente nacional, los golpes de audacia no se hací­an esperar y, posiblemente por lo intolerable de las situaciones o, sencillamente, al influjo de la festinación, a falta de sindéresis, lo que llamamos «pueblo» expresaba su aprobación a voz en cuello, incluso con sonoros aplausos, al volcarse jubilosamente en las calles y aun frente al palacio que dejó Ubico. Lo vimos cuando caí­an de sus pedestales varios í­dolos de barro.

Así­ pues, la Empresa Eléctrica está haciendo de las suyas y de las de todos los demonios contra los consumidores de su servicio, el que, por cierto, con mucha frecuencia nos sorprende a toda hora con los apagones que causan considerables perjuicios en los sectores representativos de la vida activa del paí­s. En los domicilios, edificios y empresas de toda clase, quedan fuera de funcionamiento, por ejemplo, televisores, radiorreceptores, computadoras, refrigeradoras, etcétera. Es por ello que las autoridades deben parar en seco, de una vez por todas, las irregularidades y los abusos tarifarios de referencia.