La economí­a vuelve a arrancar


El precio de las acciones aumentan posití­vamente, como muestra la bolsa de valores de Tokio.

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<p>Japón, con una economí­a fuertemente dependiente de sus exportaciones, entrevé el fin de la peor recesión de posguerra gracias a los paquetes de reactivación de otros paí­ses que volvieron a dar vida a sus fábricas y puertos.</p>
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Después de cuatro trimestres seguidos de fuerte recesión, las cifras del Producto Interior Bruto (PIB) japonés para los meses de abril a junio podrí­an ser positivas, estiman los economistas.

Sin embargo, el crecimiento continuo del desempleo, la ansiedad de los hogares nipones reticentes a consumir y la deflación creciente constituyen un handicap.

«Observamos en efecto una cierta tendencia a la reactivación, pero la coyuntura es todaví­a dura y algunos sectores siguen en caí­da», avisan los analistas del banco Mitsubishi UFJ Tokyo en un informe.

Las señales positivas son cada vez más numerosas y perceptibles, pero los sí­ntomas de fragilidad también son evidentes, según los economistas.

«Además de la caí­da de la actividad y la contracción de las inversiones de las empresas, el ambiente del empleo y los presión sobre los salarios limitan el gasto de los hogares», añade un analista del grupo financiero Mizuho.

El gobierno y el Banco de Japón (BoJ, central) mejoraron recientemente su diagnóstico económico, basándose en «una recuperación de la producción industrial y una mejora de las exportaciones», sobre todo hacia China.

Desde el mes de marzo, las cadenas de las fábricas se volvieron a activar progresivanente y los stocks se redujeron a niveles normales a partir de los cuales hace falta volver a producir para atender la demanda. Estas últimas semanas, los proyectos de construcción de nuevas sedes se han desatascado (como en Canon), y otros emergen.

La producción industrial japonesa también aumenta desde marzo, sobre todo en los sectores de la automoción y la electrónica, confirman las estadí­sticas gubernamentales.

Las subvenciones para la compra de televisores, neveras, climatizadores o vehí­culos más ecológicos en Japón tienen efectos perceptibles: los coches hí­bridos encuentran nuevos clientes, las compras de TVs de alta gamma se han disparado sustancialmente.

Por otra parte, según los grupos de electrónica (Sharp, Panasonic, Sony, etc…), las ayudas financieras acordadas por el Estado chino para que los hogares rurales se equipen de electrodomésticos han creado una nueva demanda de la cual se benefician los fabricantes japoneses de productos y componentes.

«Japón depende de sus exportaciones al extranjero», recuerda una analista de Mizuho.

«No podremos evitar que eso siga siendo así­ incluso después de la crisis», dado que la demanda interior va a disminiur de forma natural por culpa del envejecimiento y la disminución de la población japonesa», añade.

Muchos estiman que «mientras la economí­a norteamericana no vaya mucho mejor, la recuperación de Japón será débil», pero los industriales japoneses quieren evitar volver a depender del Tí­o Sam.

La crisis le ofreció a Japón la oportunidad de aprovecharse del tirón de las promesas ecológicas mundiales y de la nueva demanda de los grandes mercados, con China a la cabeza.

Pero en espera de un despegue real, las grandes empresas japonesas no están todaví­a dispuestas a volver a contratar a los decenas de miles de trabajadores temporales que despidieron en el peor momento.

La tasa de desocupación ha alcanzado el 5,4% de la población activa, su nivel más alto en seis años, y podrí­a seguir subiendo en los próximos años.

En cuanto a las pequeñas y medianas empresas, todaví­a no han recobrado la confianza y siguen luchando como pueden para evitar estar cortas de liquidez , mientras que los bancos están siguen lentos en la atribución de créditos.