«No vayas por donde el camino te lleve. Ve en cambio por donde no hay camino y deja rastro».
Ralph Waldo Emerson
Â
La vimos aparecer con la bandera nacional en sus manos y como escoltas su madre, doña Dolores Gutiérrez de Ovalle, sus hijos, el licenciado Manuel y el ingeniero Pedro y su nuera Daniela Ortiz. El maestro de ceremonias anunció que  la doctora Myriam Ovalle de Monroy, directora del Instituto Nacional de Ciencias Forenses de Guatemala, INACIF izaría la bandera nacional, como un homenaje del Banco Industrial, a propuesta de su querido Colegio de Químicos y Farmacéuticos.
Ante la mirada de docenas de invitados, entre ellos niños y niñas del colegio «Nuestra Señora del Perpetuo Socorro», de Puerta Parada, Santa Catarina Pinula, la gigantesca bandera nacional se fue levantando, bajo la segura mano de la doctora Ovalle de Monroy hasta acercarse tanto al  cielo, que sus colores, se confundían.
Para entonces la homenajeada había perdido el nerviosismo del primer momento. Con ella estaban sus seres queridos, sus compañeros de promoción, sus amigos y amigas del Colegio de Químicos y Farmacéuticos, sus compañeros de INACIF, amigos del grupo de respaldo a la justicia.
Y cuando el Himno Nacional fue entonado por los presentes, el corazón y el pensamiento de la doctora Myriam viajaron en el tiempo, hacia sus años de estudiante, cuando conoció y aprendió  los valores que hoy gobiernan su existencia.
Minutos después el ingeniero Juan Pablo Azmitia, entró en la vida de la doctora Myriam, y en cada frase, dejó establecida la capacidad profesional que ha demostrado. Ella al escuchar su hoja de vida, fija los ojos en la figura de su señora madre, sentada muy cerca. Sus hijos  parecen buscar adivinar su pensamiento y encuentran una sonrisa, quizás por la satisfacción del deber cumplido.
En esta Plaza Cívica del Banco Industrial, en donde hace ya 25 años el ingeniero Ramiro Castillo soñó con una Guatemala más humana, más de los guatemaltecos, la directora de INACIF habla, y  lo hace con la certeza que sus palabras plasman claramente su pensamiento.
Una frase para el esposo no presente, pero que seguro piensa en ella.
Ya se va la mañana y la gigantesca bandera parece desafiar la altura. Más alto, entre el azul del cielo y el azul de la bandera, los aviones rompen el múltiple dialogo de los presentes en la plaza cívica.
Fotos, felicitaciones y abrazos. La doctora Myriam, en su traje de sastre, sonríe y agradece las muestras de amistad. El homenaje es historia. Para ella, será un momento imborrable.