La desesperación de la derecha centroamericana


El domingo pasado militares hondureños en acatamiento incondicional de la oligarquí­a criolla desempolvaron el oxidado instrumento del golpe de Estado. Con ello se han merecido el repudio en su paí­s y la condena unánime de la comunidad internacional. Las decisiones de la OEA y la ONU son claras en que no hay salida de la crisis que no pase por la restitución de Manuel Zelaya a la Presidencia de Honduras. Lo que no debemos perder de vista es que lo ocurrido en ese paí­s es un fenómeno de carácter centroamericano: la desesperación de la derecha.

Ing. Raúl Molina

No es un fenómeno nuevo. Ocurrió en 1954, cuando Estados Unidos se apoyó en la derecha centroamericana -a oligarquí­a y sus servidores en Guatemala y las dictaduras de Honduras, El Salvador y Nicaragua- para desatar la guerra frí­a en el continente americano. Y ocurrió también en los 60, 70 y 80 para detener brutalmente los procesos de cambio democrático. Recordemos que en 1978 los sectores de poder en Guatemala, ante el temor del triunfo sandinista en Nicaragua, encargaron a Lucas Garcí­a la «guerra sucia» para destruir a la oposición social y polí­tica, como habí­a predicho Rodrigo Asturias en el documento «Militarización del Poder Oligárquico». Hoy, la oligarquí­a y sus servidores, con participación de «estructuras paralelas» de los Estados Unidos, desesperadamente tratan de detener el reloj de la historia y parar en Centroamérica la ola progresista que viene de América del Sur.

La primera alarma se dio con el retorno de los sandinistas al gobierno de Nicaragua; pero fue calmada por Bush, por los problemas más graves que éste confrontaba. La desesperación aumentó con tres fenómenos: el avance del FMLN en El Salvador; los coqueteos de Colom y Zelaya con la ola progresista; y la elección de Obama en los Estados Unidos. La oligarquí­a avizoraba perder el control del poder luego de casi 500 años de ejercicio. Si bien el «castigo» a Colom y Zelaya por la derecha y las «estructuras paralelas» estadounidenses fue decisión temprana este año, su aplicación se aceleró con la victoria de Mauricio Funes en El Salvador. La desestabilización polí­tica en Guatemala arrancó justamente en marzo, para agravarse en mayo y procurar el golpe de estado. Llamamientos similares tuvieron más eco en Honduras, porque la oligarquí­a y las «estructuras paralelas» aun logran poner las fuerzas armadas a su servicio.

Estamos en un momento de quiebre en Centroamérica; pero se necesitan decisiones firmes, las cuales requieren de actores polí­ticos, participación popular, que las capas medias despierten y apoyo de la comunidad internacional, como ocurrió en nuestro paí­s hace 65 años. En primer lugar, Zelaya debe ser restituido inmediatamente y sin condiciones como Presidente. Colom, por su parte, debe responder a las preocupaciones de los sectores populares y capas medias, particularmente en ámbitos clave como pobreza, violencia, inseguridad e impunidad. Ortega y Funes deben profundizar sus compromisos con los pobres de sus paí­ses y utilizar su caudal polí­tico para avanzar hacia el siglo XXI. Finalmente, Obama debe controlar y preferiblemente desmantelar las «estructuras paralelas» que aún viven la Guerra Frí­a. Otra Centroamérica es posible y debemos lograrla para el nuevo decenio.