La desesperación aumenta en Tabasco


Vista panorámica del Estado Mexicano de Tabasco, que se encuentra inundado en un 80 por ciento. (AFP / La Hora)

Decenas de miles de personas esperaban el domingo el rescate y ayuda de los servicios de emergencia en el estado mexicano de Tabasco (sur), afectado en el 80% de su territorio por devastadoras inundaciones que mantienen a zonas rurales completamente aisladas.


La tragedia se agudizó el fin de semana con saqueos en casas y comercios, que dejaron hasta el momento un saldo de 44 personas detenidas.

A pesar de que el presidente mexicano Felipe Calderón anunció que «los niveles de los rí­os están bajando», cientos de afectados permanecen en los segundos pisos o azoteas de sus casas por temor a que su ausencia sea aprovechada por ladrones.

El sábado una muchedumbre tomó por asalto un supermercado, rebasando a las autoridades. Si bien la mayorí­a robó ví­veres, lo que en una situación de emergencia no está penalizado por las leyes mexicanas, hubo quien aprovechó para llevarse electrodomésticos, según informes policiales.

«No vamos a tolerar que se medre con la desgracia de los tabasqueños, redoblaremos la seguridad para proteger a las familias y a su patrimonio», dijo Calderón.

Un periodista de la AFP constató que en las zonas anegadas del centro de Villahermosa, la capital del estado, el nivel de las aguas bajó 25 cm entre el sábado y el domingo, algo poco perceptible para quienes están literalmente con el agua al cuello.

En Villahermosa también se está estabilizando el servicio de agua potable, aunque «no a plenitud», pero sí­ «para evitar una catástrofe sanitaria que se cerní­a sobre esta ciudad», dijo Calderón.

La Comisión Nacional del Agua (Conagua) precisó que en algunos rí­os de Tabasco se «registraron descensos de hasta 1,05 metros» desde que alcanzaron su nivel máximo entre el jueves y el viernes (hasta diez metros en algunos tramos).

La dependencia atribuyó este hecho a las bajas precipitaciones de los últimos dí­as, así­ como a la reducción de la extracción de agua de la presa Peñitas (en el vecino estado de Chiapas), cuyo desfogue -para evitar superar los niveles de seguridad- provocaron la tragedia.

Al supervisar por tercera ocasión las labores de ayuda en el distrito, el mandatario reiteró que Tabasco se encuentra «frente una de las peores catástrofes naturales en la historia del paí­s (…), no sólo por la afectación natural sino también por el tamaño de la población afectada», más de un millón según el gobierno del estado.

Según la prensa mexicana, el Ejército calculó que unas 80.000 personas siguen atrapadas en 19 poblaciones cercanas a la capital de Tabasco.

En Villahermosa, con 750.000 habitantes, «hay rescates y repartición de ví­veres y agua, pero requerimos personal médico y atender las zonas aledañas», dijo Sergio Javier Lara, almirante que comanda los operativos de emergencia.

A su vez, en el estado de Chiapas (sureste), vecino de Tabasco, 30 municipios también sufren inundaciones por el desborde de 16 rí­os, afectando a unas 20.00 personas.

A pesar de que Chiapas vive su propia tragedia, ese estado ha recibido a cientos de tabasqueños que huyen de las inundaciones.

Otra entidad vecina a Tabasco que ha mostrado su solidaridad es Veracruz (este), donde unas 10.000 personas que perdieron sus hogares con las inundaciones pernoctan en refugios habilitados por el gobierno de ese distrito.

En Tabasco, que tiene una población de 2,1 millones de habitantes, hasta la noche del sábado unas 700 localidades de los 17 municipios del distrito seguí­an inundadas.

Las inundaciones en Tabasco se iniciaron la noche del domingo 28 de octubre y se agravaron el miércoles siguiente como consecuencia del desfogue de un par de presas en el vecino estado de Chiapas.

En 1999 ese estado ya habí­a registrado una gran inundación por el desbordamiento del rí­o Grijalva; en esa ocasión unas 85.000 personas fueron afectadas.

Saqueos y desorden

La crisis que desde hace ocho dí­as vive el estado mexicano de Tabasco (sur), afectado por las peores inundaciones de su historia, se agudizó el lunes por el desorden en la entrega de la ayuda y la inseguridad percibida por los pobladores tras registrarse saqueos.

Cientos de personas se negaban a abandonar sus casas en Villahermosa, la capital de distrito, por temor a ser ví­ctimas de los saqueadores que desde el sábado recorren en lancha las zonas anegadas rompiendo cerraduras en viviendas y locales comerciales abandonados.

Muchos permanecen en las azoteas de sus viviendas e improvisan letreros pidiendo agua y comida, pero renuentes a acudir a los refugios ante la posibilidad de que les roben lo poco que les dejaron las inundaciones.

Unas 50 personas fueron detenidas durante el fin de semana por haber hurtado electrodomésticos y aparatos de sonido en comercios y otros locales, según reportes de la prensa regional.

De igual forma, la desesperación de muchos afectados se transformó en enojo debido a que la ayuda donada por miles de mexicanos empezó a llegar a Tabasco, pero su reparto es desordenado.

Imágenes de la televisión mostraron cómo decenas de personas luchaban a las afueras de Villahermosa por conseguir una caja de ví­veres, al tiempo que algunas mujeres se quejaban de que la ayuda fuera entregada sin distinguir si se trataba de familias numerosas o de personas individuales.

Pese al dramático cuadro que se registra en esta región del sur de México, los tabasqueños tuvieron algo de alivio el fin de semana debido a que no ha llovido y las aguas han bajado.

En Villahermosa, donde viven 750.000 de los 2,1 millones de habitantes de Tabasco, el servicio de agua potable comenzó a restablecerse el domingo en algunas áreas, mientras que las clases en las escuelas fueron autorizadas el lunes por la secretarí­a de Educación en las pocas zonas que no se inundaron.

Hasta el momento, el gobierno tabasqueño calcula que más de un millón de personas en 700 localidades de los 17 municipios del distrito fueron afectadas por las inundaciones.

Las autoridades solo dieron cuenta de la muerte de una persona, aunque la prensa local reportó cuatro fallecimientos y al menos 100.000 personas atrapadas en comunidades adonde no ha llegado la ayuda.

Al respecto, el presidente Felipe Calderón pidió la solidaridad del mundo para Tabasco, lo que de inmediato fue respondido por Alemania que el lunes anunció el enví­o de 250.000 euros, en tanto que Estados Unidos informó el fin de semana la donación de 350.000 dólares.

Las inundaciones, que se iniciaron la noche del domingo 28 de octubre y se agravaron el miércoles siguiente, también han sido aprovechadas por propietarios de lanchas que se alquilan para transitar por las anegadas calles de Villahermosa.

El centro histórico de la ciudad es visitado a diario por decenas de personas que acuden a ver cómo están sus hogares o a llevar ayuda a los cientos de familiares y conocidos que se han rehusado a abandonar sus casas.

Esto ocasionó que los necesarios viajes en lancha se cotizaran en altos precios si no se querí­a esperar un lugar en las embarcaciones que gratuitamente prestan voluntarios coordinados por el gobierno.

«A partir de este momento, nadie, absolutamente nadie, que no esté registrado en los módulos que van a estar en los embarcaderos (improvisados en las calles anegadas) va a poder entrar» al inundado centro de Villahermosa, dijo el gobernador de Tabasco, Andrés Granier.

La medida pretende evitar los robos y la multiplicación de la rapiña luego de que el domingo las anegaciones disminuyeron ligeramente, agregó el funcionario.

Tabasco ya habí­a registrado en 1999 una gran inundación por el desbordamiento del rí­o Grijalva, el segundo más grande del paí­s, cuando unas 85.000 personas fueron afectadas.