El Partido Popular (PP, derecha), primera fuerza de oposición en España, lleva dos meses sumiéndose en una crisis interna que se agrava cada día y que gira en torno a su líder, Mariano Rajoy.
El último episodio ha sido la amenaza de dimisión de la dirigente del PP vasco, María San Gil, si el partido no mantiene una posición dura frente a los nacionalismos vasco y catalán.
San Gil declaró ayer que siente una «clara quiebra de la confianza con la dirección nacional» del partido, ya que cree el nuevo equipo de Rajoy quiere moverse hacia posiciones más de centro que implican abandonar la firmeza ante los nacionalistas.
Rajoy añade así otra crítica a las acumuladas desde hace dos meses, cuando el PP quedó en segundo puesto en las elecciones legislativas españolas del 9 de marzo frente a los socialistas.
Ese nuevo fracaso del PP de Rajoy frente al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de José Luis Rodríguez Zapatero, después del de 2004, destapó la caja de pandora del partido.
La entrada en escena de su principal rival, la presidenta de la región de Madrid (centro), Esperanza Aguirre, las quejas de los veteranos por haberse rodeado de un nuevo equipo de jóvenes y ahora la amenaza de renuncia de la líder vasca, han aderezado el tenso debate de los «populares».
Dos días después del 9-M, Rajoy anunció su candidatura para seguir dirigiendo el PP –que debe elegir líder en un congreso nacional del 22 al 24 de junio–, en respuesta a los pedidos de dimisión de varios medios de comunicación de derecha.
Seguidamente formó a su nuevo equipo en el Congreso de los Diputados con caras nuevas, lo que provocó el disgusto de varios pesos pesados del partido, muchos de ellos considerados del ala dura o del entorno del ex presidente del gobierno español José María Aznar (1996-2004).
Entre ellos se encuentran sus principales portavoces de los últimos cuatro años, Eduardo Zaplana, que ha dejado la política, y Angel Acebes.
Al nuevo equipo en el Congreso, encabezado por su nueva portavoz, Soraya Sáenz de Santamaría, su mano derecha, se suma el respaldo de varios «barones» regionales, lo que no ha hecho dudar hasta ahora de que Rajoy, de momento único candidato a presidir el PP, será elegido en el congreso de junio.
Todo ello parece responder al deseo de Rajoy –que en 2003 fue elegido por Aznar para sucederle y años más tarde ratificado en un congreso del partido– de desmarcarse de la herencia del ex presidente y moverse hacia el centro.
Esto ya lo dejó ver en la pasada campaña electoral, cuando hizo de la economía su principal reivindicación, olvidando su duro discurso de los últimos cuatro años ante la política anti ETA y la ampliación de atribuciones a las regiones españolas.
Pero los españoles «no sólo quieren un partido para que les hable de impuestos económicos, sino que les hable de España», según el dirigente vasco Jaime Mayor Oreja.
Varias voces comenzaron a criticar el método poco transparente de elegir a su jefe y la demora de Rajoy en anunciar los próximos dirigentes y su nuevo programa, reclamando que sea menos secretista y más transparente.
La propia dirigente del PP vasco, que ayer lamentó que su actitud pueda «contribuir a esa ruptura interna» en el partido, dice que hay «una incertidumbre en relación con el proyecto político y con la forma de defenderlo».
Actualmente sólo pueden votar al líder 3 mil personas (compromisarios) elegidas por los militantes por regiones, y en el partido surgió un movimiento en favor de la celebración de elecciones primarias que no ha gustado a Rajoy.
Paralelamente, la presidenta de la región de Madrid, considerada del ala dura y conocida por su ambición, ha hecho en estos dos meses constantes apariciones en los medios para especular sobre su posible candidatura a liderar el partido, que parece no presentará.
Ante este panorama, Rajoy, que la semana pasada reconoció por fin que su partido está en una situación «difícil», se limitó a aconsejar el martes a cada uno de los miembros del PP que «no hable y que no se meta en líos».