La democracia es un juego


Cada cuatro años, el TSE nos hace creer que tenemos el poder de cambiar al paí­s con nuestro voto. Al menos, deberí­amos creernos eso cada año.

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

La democracia en Guatemala es un juego que se organiza cada cuatro años. La culpa no es de los partidos; en la legislación guatemalteca se establece que éstos no pueden hacer campaña, sino hasta que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) convoque a elecciones. De ahí­, nos quejamos de que los partidos sólo salen para entonces.

Para evitar excesos, el TSE instituyó un reglamento, para hacer más justo el gasto de los partidos en sus campañas. Estoy de acuerdo en que el gasto de las campañas electorales está fuera de control, pero creo que no es la estrategia para evitarlo. En Guatemala, la masa de la población votará por la canción más pegajosa o por quien entregue la mejor lámina, sin importar la propuesta que pueda tener un candidato.

Para ello, creo que la población tiene derecho a conocer a los candidatos, no tres meses antes de las elecciones, sino que deberí­an conocerse desde el mismo momento en que el nuevo presidente tome posesión.

Una oposición inteligente, integrada por los aspirantes a la presidencia, harí­a mucho bien al paí­s. Incluso, fuera de orgullos personales, los mandatarios podrí­an entablar constantes diálogos con los candidatos, para que ellos aporten ideas para gobernar al paí­s.

El TSE, en lugar de «alcahuetear» a los partidos, deberí­a realizar constantes debates durante los cuatro años de gobierno, con los candidatos a la presidencia. De esa manera, serí­a casi imposible «improvisar» a un candidato sólo para que jale las elecciones a los diputados.

Se podrí­a legislar para que el TSE tuviera un espacio determinado en los medios de comunicación, para dar a conocer, en espacios iguales para todos los partidos, las opiniones de los candidatos, a fin de que se conozca la propuesta de todos, y se logre dar un verdadero diálogo polí­tico en el paí­s. Ayer, por ejemplo, los partidos polí­ticos «pequeños» se quejaban de la falta de espacios en los medios de comunicación, y tienen razón, pues, por muy poco porcentaje que tengan en las encuestas, al menos podrí­an aportar ideas para enriquecer el diálogo polí­tico en Guatemala.

El Incep tení­a una propuesta interesante sobre intercalar las elecciones; es decir, que un año sean las de las autoridades municipales, otro para presidente, y otro para diputados. Pese al riesgo de provocar mayor abstencionismo (ya que son las elecciones a alcaldes las que realmente jalan a las personas para votar en el interior), esta propuesta podrí­a servir para que, al menos, la democracia no se juegue sólo cada cuatro años. (http://diarioparanoico.blogspot.com/)