La democracia es imposible sin justicia social


A principios de la década de 1960, el prestigiado sociólogo C. Wright Mills, profesor de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, escribió un libro que pronto se hizo muy famoso con el tí­tulo de: Escucha Yanqui, el cual salió a circulación con gran éxito en inglés y en español. La edición en nuestro idioma de abril 1961 con el apoyo del Fondo de Cultura Económica de México fue de 20 mil ejemplares los cuales se agotaron rápidamente.

Félix Loarca Guzmán

El autor estadounidense aborda en forma sencilla, pero con gran profundidad, uno de los hechos históricos de mayor significado polí­tico y social del siglo XX como lo fue y sigue siendo la Revolución Cubana.

C. Wright Mills decí­a en esa edición que «La Cuba de hoy busca nuevas formas de convivencia y aspira asimismo a terminar en su territorio con la injusticia social». Esa interesante reflexión sigue vigente en la actualidad, pues sin duda Cuba es uno de los paí­ses con mayor progreso en el continente americano en el campo del desarrollo humano, especí­ficamente en las áreas de la educación y la salud. Y todo eso a pesar del inhumano e inmoral bloqueo económico impuesto por los sucesivos gobiernos intervencionistas de Estados Unidos.

La Revolución encabezada por el comandante Fidel Castro dio pasos importantes para la abolición del sistema capitalista, que sin duda mata de hambre a los pueblos. Hoy en dí­a, en otras partes del continente americano marchan con paso firme diversos movimientos polí­ticos cuya principal bandera de lucha es atender las necesidades de los seres humanos en general antes que el enriquecimiento de unos pocos como ocurre en Guatemala. Sin justicia social no es posible la democracia porque sin ella los seres humanos serí­an esclavos de la pobreza.

El caso de Haití­ resulta muy ilustrativo, pues es una nación en donde los niveles de pobreza históricamente han rebasado el 80 por ciento de la población y que ahora se agudizarán mucho más como consecuencia de los devastadores efectos del terremoto del pasado 12 de enero. Sus condiciones de miseria son el resultado de muchos años de explotación y saqueo de sus riquezas bajo la dominación del sistema capitalista.

Los pueblos del continente americano están despertando pues exigen transformaciones concretas para construir su propio destino con el mayor respeto a su soberaní­a.

Pero así­ como se multiplican los movimientos de vanguardia en muchos paí­ses especialmente de Sudamérica, así­ también ha resurgido la ofensiva de los sectores de la extrema derecha alentados por el Partido Republicano de Estados Unidos, para recuperar los espacios perdidos. El golpe de Estado en Honduras es un ejemplo claro de esa vergonzosa ofensiva.