La defensa de la vida como valor absoluto


Pese a que la Constitución de la República de Guatemala garantiza el derecho a la vida desde el momento de la concepción, es evidente que lo ocurrido en el Distrito Federal de México con la aprobación del aborto ha provocado preocupación en algunos sectores de nuestro paí­s que sienten la amenaza. Y eso obliga a retomar un tema que algunas veces he comentado, respecto a nuestra posición en general respecto al derecho a la vida, porque resulta una paradoja que los más ardientes defensores de la vida del no nacido, sean los que con mayor entusiasmo promueven la pena de muerte, tanto si es decidida en forma judicial como si lo es de manera extrajudicial.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Uno de los signos distintivos del conservadurismo en general es la creencia de que el problema de la violencia y criminalidad se resuelve con la pena de muerte que, según esa corriente, no sólo es un castigo adecuado sino además es disuasivo y sienta precedentes que harán a los criminales pensarlo dos veces antes de embarcarse en un delito grave. Pero esos mismos conservadores que de manera tan enfática y entusiasta abrazan la pena de muerte como solución, son los mismos que se oponen al aborto en todas sus formas y ello es, a mi juicio, un gran contrasentido.

Yo pienso que quien defiende la vida lo debe hacer en todo momento y circunstancia. El argumento de que el criminal que reiteradamente ha delinquido ya no se puede regenerar y tiene que ser eliminado por la sociedad me parece tan deleznable como el argumento de quienes piensan que la mujer, por ser dueña de su cuerpo, puede decidir sobre la vida del ser nuevo que lleva adentro. Pero es indudable que en éste, como en casi todos los temas de la vida, surge esa especie de doble moral que nos hace ser permisivos y tolerantes en ciertos casos e intransigentes y dogmáticos en otros, aun y cuando se refieran a un mismo principio básico como lo es el derecho a la vida.

En Guatemala el marco constitucional no permitirí­a una decisión como la que aprobó el Distrito Federal mexicano recientemente en cuanto a los abortos en las primeras etapas del embarazo; recordemos en ese sentido la influencia que ejerció en la Asamblea Constituyente Chepe Garcí­a Bauer, quien libró una batalla enorme para asegurar que el Estado de Guatemala asumiera el compromiso de garantizar la vida humana desde el momento de la concepción, lo que deja fuera de cualquier posibilidad una legislación como la que ha levantado la camisa de tanta gente que se moviliza para reclamar a los candidatos a la presidencia un compromiso respecto a la vida de los no nacidos. Pero es curioso que no planteen en su reclamo un compromiso en cuanto al derecho a la vida en general y que no hablen de la necesidad de reformar la legislación con relación a la pena de muerte o, peor aún, un compromiso respecto a los famosos y tristemente célebres escuadrones de la muerte que operan con la mayor impunidad en el paí­s.

Si uno ve la estructura mental de los grupos de activistas contra el aborto en casi todo el mundo, se da cuenta que se trata de rancios conservadores que, al mismo tiempo, consideran que a los criminales reincidentes, por lo menos, hay que eliminarlos fí­sicamente y hasta se congratulan de que el Catecismo de la Iglesia Católica no sea radical y tajante en cuanto a las consideraciones sobre el tema de la pena de muerte. Pienso que ahora que están haciendo visita de altares, buscando que todos los candidatos presidenciales se comprometan en el tema del aborto para defender la vida, deben ser más honestos y hablar en términos generales del derecho a la vida que incluye, por supuesto, el que todos tenemos a una vida acorde con nuestra dignidad como seres humanos.