La de no acabar


Luego de haber pedido perdón el pasado martes por los términos injuriosos que utilizó para referirse a sus crí­ticos, el Presidente de la República volvió a las andadas calificando de rastreros a los que cuestionan la forma en que manejan los programas de Cohesión Social. Definitivamente está visto que en este conflicto entre los crí­ticos y el mandatario es la de no acabar, porque unos y otros parecen empeñados en mantener una postura estridente a ver quién lanza el mayor insulto, como si fueran patojos escueleros enfrentados en los recreos.


Repetimos que los crí­ticos no pierden absolutamente nada cuando lanzan sus venenosos dardos, pero el Presidente de la República, por su alta investidura y porque según la Ley es el representante de la unidad nacional, pierde mucho cuando lanza insultos a diestra y siniestra. Y por enésima vez repetimos que si quiere descalificar e insultar a alguien debe tener la entereza de señalar con nombre y apellido a quienes considera estúpidos, analfabetas polí­ticos, rastreros, culebras o alacranes, porque en la forma en que lanza tales improperios se pasa llevando a todos los que con o sin razón critican la forma en que se realizan acciones de gobierno.

Lo único que logrará el Presidente es abrirse frentes por todos lados porque debe entender, por su larga experiencia como polí­tico en la oposición, que siempre las acciones de gobierno son susceptibles de crí­tica, de cuestionamiento que en el marco de la democracia es sano para lograr mayor transparencia y mejor eficacia de la gestión pública. Hemos dicho que en el fondo quienes con mayor furia atacan al Presidente están logrando su principal cometido, puesto que para ellos nada es tan rentable como ver que el mandatario pierde los estribos y se dedica mañana, tarde y noche, a responder con insultos que generalizan contra todos los que formulan alguna crí­tica.

Hemos condenado el uso de términos abusivos para referirse tanto al gobernante como a su esposa, por más que ella al colocarse como coordinadora del Consejo de Cohesión Social se expone más de lo que siempre se expone una esposa de mandatario, porque creemos que la crí­tica tiene que ser seria y respetuosa. Pero el ingeniero Colom no se da su lugar porque él mismo cae en el juego de esa virulencia verbal que enturbia tanto el panorama del paí­s y que desví­a la atención de los principales problemas para caer en un pleito callejero carente de sentido si vemos que una de las partes es nada más y nada menos que el mismo Presidente de la República.