La Cumbre Sindical de América Central y el Caribe


Bajo el patrocinio de la Confederación Centroamericana de Trabajadores (CCT) y la Coordinadora Sindical de América Central y el Caribe (CSACC), esta mañana fue inaugurada en la capital de Guatemala la Primera Cumbre Sindical de América Central y el Caribe, en la cual se debatirán los desafí­os de las organizaciones de trabajadores a la luz de su memoria histórica.

Félix Loarca Guzmán

El encuentro de los representantes de las entidades sindicales de los paí­ses del área se inscriben dentro de los esfuerzos por la búsqueda de consensos y posiciones unitarias sobre temas de interés común y en particular frente a la integración de la subregión y el posible acuerdo de asociación con la Unión Europea y esta cumbre sindical.

La reunión de los trabajadores se prolongará hasta el viernes 30 de noviembre, contando con el apoyo de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, del Instituto Sindical para América Central y el Caribe, del Instituto Centroamericano de estudios Sociales y un importante grupo de cooperantes sindicales solidarios.

También se ha invitado a los sindicatos de Norteamérica, a las autoridades del Sistema de Naciones Unidas, de la Unión Europea, del Sistema de Integración Centroamericana, del Parlamento Centroamericano, del gobierno de Guatemala y las representaciones diplomáticas acreditadas en el paí­s.

Entre los principales temas de la cumbre destacan la situación actual del sindicalismo en los marcos de los nuevos modelos de desarrollo y su crisis; el sindicalismo en América Central y los desafí­os del futuro, así­ como el reto de la unidad para el movimiento sindical de América Central y el Caribe frente a la integración.

Esta cumbre tiene gran importancia, porque en la realidad de los paí­ses de la zona, particularmente en el caso de Guatemala por efecto del fenómeno de la globalización y la hegemoní­a de las elites del sector privado, se han opacado las acciones destinadas a fomentar la sindicalización.

En el contexto de Guatemala, la casi nula promoción de la participación en la organización social que deberí­a ser uno de los mecanismos para el fortalecimiento de la democracia, es sin duda uno de los efectos tangibles de la polí­tica de terror de la época de la guerra interna junto al fenómeno de las privatizaciones que impulsaron los gobiernos conservadores instaurados a partir del fin de los regí­menes castrenses.

Al respecto, hay que recordar que muchas de las ví­ctimas de los asesinatos o desapariciones forzadas fueron dirigentes y miembros de base de las organizaciones de obreros y campesinos. En la actualidad, apenas el 2.8% de la Población Económicamente Activa, PEA, de Guatemala está sindicalizada.