La cueva mayor


El mundillo polí­tico en general, al menos en Guatemala y quizá en el resto de Centroamérica es una vergí¼enza. Los polí­ticos, aunque no lo quieran, en su mayorí­a apestan, no son dignos de crédito y son los grandes magos de la maldad. Pero sí es cierto que por todas partes son una especie de peste, la madriguera mayor de las alimañas se encuentra en el Congreso de la República. Consideremos las razones.

Eduardo Blandón

1. En primer lugar, el Congreso de la República es el lugar ideal para holgazanear. Se trabaja poco, se gana mucho y se viaja bastante. Hay combustible gratuito, se tiene secretaria, asesores y una oficina donde recibir a los amigos. Se tiene gastos de representación y se puede tener tanto tiempo que hasta se pueden hacer estudios de maestrí­a (siempre pagados por esa institución de gobierno).

2. Es el lugar ideal para la impunidad. El que es miembro del Congreso es prácticamente intocable. Se puede robar combustible, inventarse viajes, hospedarse en hoteles cinco estrellas, cobrar comisiones que nada va a pasar. Aquí­ no hay reprimendas ni llamadas de atención. El que es diputado puede estar seguro de que es un bendito de Dios.

3. El Congreso de la República es el lugar ideal para realizar los sueños. Sólo Dios puede competir con los miembros de esa institución. ¿Quieren aumento de sueldo? Sólo tienen que decir: «Hágase la luz, que se aumente». ¿Necesitan indemnización? «Hágase la tierra, que la figura legal sea posible». ¿Quieren impuestos? «Háganse los impuestos». Son verdaderos creadores, más inteligentes que Dios y con una voluntad omní­moda superlativa.

Por todas las caracterí­sticas anteriores, el Congreso de la República es el lugar más apestoso dentro de las instituciones de gobierno. Son tan listos los muchachos que para no ser vistos como tramposos hacen legal lo inmoral, aquí­ reside la magia y el poder que se deriva de ellos aún sin quererlo.

Pero no son los únicos chicos malos de la fiesta, están también, como ya se ha denunciado hasta la saciedad, los señores que se recetaron indemnización de la Corte Suprema de Justicia, los de la Corte de Constitucionalidad y los del Tribunal Supremo Electoral. í‰stos también son chicos malos, abogados listos que saben cómo usar la Ley para beneficio propio.

A los guatemaltecos inermes y desconsolados parece que sólo nos toca llorar, ser testigos de los abusos cometidos y, si mucho, denunciar las injusticias que se cocinan a diario contra el erario público. Porque, ¿Quién podrá defendernos de tanto inescrúpulo? ¿El Chapulí­n Colorado? ¿ílvaro Colom? ¿O tenemos que esperar que nos gobierne alguien de la talla del Presidente de Venezuela?

Lo lamentable, además de todo, es que esos actos de injusticia y maldad son una mala escuela para el resto de la sociedad. No nos asombremos, por tanto, que algunos niños y jóvenes añoren, sueñen y aspiren con pasión ser diputados del Congreso de la República, o sea, ser favorecidos por el destino para pasarse, como mí­nimo cuatro años, disfrutando de la buena vida (con indemnización incluida).