La Cuesta de Enero


Aunque todaví­a falta la celebración del Dí­a de Reyes, con lo que se cierra el ciclo de los festejos navideños, este dí­a marca ya el inicio del nuevo año y con eso principia la llamada Cuesta de Enero, que es cuando volvemos a la realidad para asumir los compromisos personales y familiares que se incrementan en estas fechas. Especialmente los padres de familia tienen que cubrir los costos de la vuelta a clases de sus hijos, lo que implica erogaciones para matrí­cula, uniformes y la adquisición de útiles escolares, aunque el Gobierno actual ha retomado el concepto de la educación pública gratuita, suprimiendo algunos de esos rubros en las escuelas estatales.


Obviamente la incertidumbre por la crisis económica afecta hoy a la población porque se corren riesgos en cuanto a la protección del empleo, tomando en cuenta que muchas empresas no dispondrán del financiamiento para operar con normalidad y, por lo tanto, pueden producirse recortes y despidos que afecten a los trabajadores. Además, hay que tomar en cuenta que siendo nuestro principal comprador el público de Estados Unidos, la recesión en ese paí­s hará que baje la demanda de productos guatemaltecos y por lo tanto otro grupo importante de empresas puede sufrir consecuencias negativas, empezando por las maquilas que dan ocupación a miles de personas.

Pero si bien enero nos presenta su Cuesta, también hay que decir que es posiblemente la época del año en la que hay un envión considerable de optimismo y ganas de hacer las cosas bien porque los propósitos del Año Nuevo siempre van acompañados de esa dosis de entusiasmo por la prosperidad que nos hemos deseado. Posiblemente algunos vean esa actitud colectiva como un optimismo sin fundamento, pero la verdad es que la suma de entusiasmo de tanta gente, la suma de buenas intenciones, se convierte en motor de una oportunidad importante que no debemos desaprovechar.

Eso sí­, hace falta que el gobierno nos ofrezca por lo menos la oportunidad de vivir con más seguridad y menos sobresaltos por la violencia puesto que ese factor es suficiente para sepultar cualquier tipo de optimismo. En el plano económico creemos que es poco lo que puede hacer el gobierno para asistir a la población, pero en el campo de la violencia prácticamente todo está en manos de las autoridades que son las llamadas a contener el flagelo del crimen organizado.

Vale recordarles a los gobernantes que en esa materia no caben las excusas ni pedirle paciencia a la población, puesto que se tení­a que dar por sentada la realidad y todo polí­tico tení­a que conocerla si pensaba en dirigir los destinos de la patria. Por lo demás, a empezar y hacerlo con ganas.