Fenómeno imponderable, cuyas repercusiones son avalanchas tremendas, en menoscabo directo de los países afectados. Ven la presencia de rostro semejante a un monstruo arrollador, sin que los mismos tengan planes de emergencia, porque casi nunca implementan las medidas de prevención. Hasta el final acuden a la solidaridad colectiva y al ánimo poblacional.
Según la moderna tecnología, bastión efectivo y útil sobremanera, dan cuenta noticiosa en el acto, acerca del pánico, angustia y desolación de ciudadanos sin automóvil. Por cuanto los siempre sectores conformantes de cúpulas bancarias y entidades de tal índole, pasan distinto régimen de vida, debido a su poder envolvente. El resto sobrevive momentos difíciles.
Nuestros antepasados contaban en tertulias familiares en horas nocturnales, acerca de la crisis que abatió con fuerza demoledora la enclenque economía. El tipo de moneda circulante en aquel lejano tiempo fue el peso y monedas volanderas de pequeña monta. Aseveraron de continuo los ingentes trabajos que tuvieron que enfrentar durante el siglo XIX y los inicios del XX.
A menudo y al calor de esas remembranzas que calaron hondo a los habitantes terrícolas, insistieron alrededor de dicha hecatombe financiera, piedra fundamental del diario acontecer, entre penurias sin cruento. Cifraron permanentemente respecto al régimen hogareño de austeridad. En síntesis: gastar con medida bajo el trato de no disipar lo poco llegado a la mano.
También, variación sobre el mismo tema, gastar menos que lo ganado solamente, con la salvedad que lejos de afrontar las cosas con tacañería, sencillamente, empero a la luz de salir a luz disposiciones de economía, insistían sin faltar lo básico de los nutrientes, vestuario ajeno al lujo, imposible de ganar terreno en los de limitados recursos presentes en el hogar.
Afirmo en la presente nota cómo la crisis financiera mundial, en marcha, no tiene excepciones; nadie está libre de las acometidas terribles, fruto del mismo hombre, el Homo sapiens, cuyo proceder olvida las anteriores crisis, resultado del encandilamiento que obra en las mentes obsesivas de los magnates bancarios, y de instituciones financieras de postín nada más.
Hoy en día nada ni nadie escapa al destructor caso. Sin embargo, en algunos países se acentúa el problema, a extremo de recurrir a grupos supuestos magnates en demanda de ayuda temporal. Ese accionar no representa algo nuevo y causante de mayor asombro, además representa endeudamiento externo. En conclusión eso no es generación espontánea, la política sí es, también su cauda.
Para citar algunos, allende el Atlántico, aludimos a Grecia a la cabeza, España otro tanto y circunvecinos países en quiebra prácticamente, o bancarrota. Aunque las repercusiones abundan y al parecer siguen similares casos. Hasta en Estados Unidos de América toman ya medidas atinentes; eso dice mucho habida cuenta que es considerado una de las enormes potencias.
De rebote, Guatemala se ve afectada, a título de ser en vía de desarrollo. De suyo desde anteriores calendas ocupa sitio en desventaja, según el concierto mundial y los cajoneros señalamientos que en muy baja posición nos encontramos, a pesar de los pesares. No hay modo que sobrevenga el cambio, tan anunciado y por supuesto, esperado con las debidas ansias respectivas.
La crisis financiera mundial también tiene presencia en Guatemala, de gran dimensión, además de repercusiones a diestra y siniestra. Ha sido la gota que colmó el vaso con ganas en todos los rincones; más notorio en alto grado en el área rural, asentamientos y sectores de miseria. Imposible quedaran al margen y por lo tanto golpea con fuerza ciclópea, con esperanzas sí de un alivio.
Tiene repercusiones fatídicas el problema en mención, por de pronto hay sensible baja en las exportaciones tradicionales y de nuevo cuño, que benefician en forma por demás materialmente a las arcas nacionales y desde luego conforman gananciales a los exportadores. Total, el penoso asunto mantiene hoy en jaque al mundo entero, sobre todo a nuestro solar: Guatemala.