La crisis económica prioridad para Obama


Un agente del servicio secreto le entrega su

Barack Obama, electo bajo el lema del «cambio» y la «esperanza», priorizará durante los primeros cien dí­as de su mandato presidencial la economí­a estadounidense, en recesión.


«Iniciamos este año en medio de una crisis económica sin precedentes», dijo el sábado Obama en su última alocución radiofónica, cuando el departamento de Trabajo acababa de anunciar las cifras de desempleo del mes de diciembre: se perdieron más 500 mil empleos.

«El plan de recuperación económica será su primera prioridad. Sin la perspectiva de una recuperación económica, no podrá hacer ninguna otra cosa», señala John Pitney, profesor de ciencias polí­ticas en el Claremont McKenn College (California, oeste).

Desde hace varias semanas el presidente electo se esfuerza por convencer al Congreso de que apruebe rápidamente, tras su investidura del 20 de enero, un gigantesco plan de alrededor de 800 mil millones de dólares para relanzar la economí­a.

Su objetivo: crear o salvar no menos de tres a cuatro millones de puestos de trabajo, 90% de los cuales en el sector privado. El equipo de Obama espera crear empleos particularmente en la construcción y la industria manufacturera.

En estos tiempos convulsionados, la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca no dejó de ser comparada con la de Franklin Roosevelt en 1933, en plena crisis económica.

El presidente del «New Deal» — un vasto programa de recuperación económica a través de la inversión en grandes obras de infraestructura –, envió en su momento al Congreso un número récord de proyectos de ley no bien asumió el cargo. En ciendí­as los legisladores aprobaron prácticamente todo lo que el presidente pidió.

Pero según Thomas Mann, del grupo de reflexión Brookings Institution, «el concepto de los cien dí­as no tiene gran significación». En su opinión, el perí­odo es demasiado corto y constituye «apenas un comienzo».

«El perí­odo de cien dí­as le permitirá a Obama lanzar su plan, pero no verá resultados concretos hasta mucho más tarde», reconoció John Pitney.

Además del gigantesco plan de recuperación económica, que no deberí­a encontrar demasiada oposición en el Congreso, con mayorí­a demócrata fortalecida tras la elecciones del 4 de noviembre, Obama pidió que se liberaran los restantes 350 mil millones de dólares del plan de rescate del sector financiero propuesto por la administración Bush.

Tiene previsto utilizar esos recursos a partir de las primeras semanas de su presidencia para intentar estimular el crédito, sobre todo en el sector inmobiliario.

En materia de polí­tica exterior, los desafí­os también son enormes. Su idea rectora es la promesa de campaña de «restaurar» el lugar y la imagen de Estados Unidos en el mundo, dañados por los ocho años de la presidencia de George W. Bush.

En lo que respecta al conflicto israelo-palestino, Obama habí­a sugerido esperar el resultado de las elecciones legislativas israelí­es en febrero para dejar sentada su posición. Pero no podrá hacerlo; deberá actuar mucho antes.

El anunciado retiro de las tropas estadounidenses de Irak y el aumento de las mismas en Afganistán serán las dos cuestiones en las que se espera que se produzca una ruptura con la polí­tica de la administración Bush.

El campo de detención en la base de Guantánamo, sí­mbolo de los excesos de la administración saliente durante la «guerra contra el terrorismo», será cerrado, pero muy probablemente no en los primeros dí­as de su gestión, advirtió Obama, aun a riesgo de perder algunos apoyos de la izquierda.