La crisis demanda respuestas concretas


Estados Unidos no habí­a vivido tiempos de tanta incertidumbre económica desde la Gran Depresión de 1929 y por supuesto que los electores norteamericanos esperan que sus candidatos den respuesta concreta a las interrogantes que plantea esa volátil situación económica en la que empieza a hablarse consistentemente de que no se puede predecir qué tan bajo puede llegarse. En efecto, nadie puede predecir cuánto durará la recesión porque se dice que primero hay que tocar fondo para empezar a hablar de recuperación y todaví­a no se ha llegado a tocar el fondo.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

En ese contexto, la afamada experiencia de los republicanos para ganar elecciones destruyendo al adversario parece ahora condenada al fracaso porque anoche mismo, en el debate televisado entre los dos candidatos, se notó que los ataques insistentes de McCain contra su rival no sólo no hicieron mella en Obama, sino que sirvieron para evidenciar que el candidato republicano carece de ideas para entender la dimensión de la crisis, que no se puede conectar con el ciudadano común y corriente y que el único argumento que le queda es destruir al candidato demócrata.

Arrastrando los pies patéticamente dio la sensación de un viejo con pocas luces para entender y faroles para enfrentar la primera gran crisis económica del siglo XXI. Y lejos de acortar distancias en las encuestas por el insistente ataque en contra de Obama, pareciera que el público le ha dado la espalda a la estrategia republicana de espantar con el petate del muerto a los electores y, especialmente, por esa falta de propuesta que denota básicamente que el señor McCain con todos los años de experiencia en el Senado y con su larga historia militar que lo convierte en héroe para el paí­s, no es el indicado para enfrentar los tiempos que estamos viviendo.

Obama, en cambio, mostró primero que no se arruga ante los ataques y se vio menos complaciente que en el debate anterior, rechazando puntualmente los señalamientos en su contra que hací­a el rival republicano. Pero lo más importante de todo fue que supo abordar con más propiedad el tema económico aunque, desde luego, con el nivel de demagogia que demanda toda campaña polí­tica porque está demostrado que no se puede hablar absolutamente con la verdad en la tribuna electoral.

Obama por lo menos demostró que entendí­a por qué fue que aprobaron el plan de salvamento del sistema financiero y le explicó al auditorio cómo era que el ciudadano común y corriente, el que con sus impuestos estaba poniendo el dinero para ese plan, se beneficiaba al abrir nuevamente expectativas de crédito para promover negocios y para que muchas empresas pudieran disponer de capitales de trabajo.

Mientras McCain usaba esa y otras preguntas para hablar de su récord como senador y para atacar a Obama, el demócrata fue más puntual para responder a las inquietudes del norteamericano común y corriente. No dijo, por supuesto, si en su opinión la crisis empeorará mucho antes de mejorar, pero al menos usó términos claros para explicar el impacto que la voracidad y ambición de los grandes ejecutivos tuvo en el desarrollo de esta convulsión. Al final del debate me llamó la atención el resultado de las encuestas, puesto que si esa tendencia dura diez dí­as más, puede pensarse que la campaña está ya definida.