La criminalidad sigue sembrando inseguridad


Hay incertidumbre respecto del futuro -y del presente- de nuestra infortunada Guatemala a causa de los graves problemas que se han suscitado y que van de mal en peor.

Marco Tulio Trejo Paiz

La inseguridad personal y patrimonial es un hecho que parece ser irremediable, al menos a lo largo de muchos años venideros.

La anarquí­a se ha venido complicando. Y es que prevalece una cultura nada positiva, sino muy negativa en el seno de la sociedad, pero sobre todo entre la juventud y aún entre la niñez.

Y para completar el caos imperante, los bochincheros de los centros urbanos y rurales se dedican a provocar tremendos congestionamientos en el tránsito en calles y carreteras, con lo que ocasionan mucho daño a la economí­a del paí­s. ¡Y qué les importa eso que perjudica al Estado y al pueblo en sus intereses en general!

La culpa de lo que está sucediendo es de padres de familia, de los educadores, de los narcotraficantes que envenenan la conciencia o, para hablar más claramente, la moral de jóvenes, adolescentes, adultos e infantes.

Todos son pasto de los vicios que minan su salud, su organismo todo, incluso para ir a parar en los hospitales y, fatalmente, a la tumba.

Las autoridades de policí­a y del Ejército Nacional cumplen lo que está en el marco del deber y de la obligación para que haya normalidad, pero, virtualmente, los males se extienden progresivamente en todo el paí­s y, de esa guisa, resulta difí­cil, asaz difí­cil, casi imposible, solucionar tan candente problemática que mantiene en constante zozobra a la gente pací­fica y honrada que vive del producto de su trabajo edificante.

Hemos dicho alguna vez o varias veces que, para resolver lo que está pasando a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, habrí­a necesidad de inflar el aparato policí­aco-castrense como para que hubiese un gendarme y un soldado custodiando a cada uno de los habitantes de este suelo centroamericano, lo cual, desde luego, no es posible. Una buena educación de los niños desde sus primeros años de existencia es indispensable para el buen comportamiento en sociedad, con respeto a la autoridad y a la ley, pero eso se lograrí­a en un futuro mediato.

Otro medio de solución de esas malas rachas que nos estafan la paciencia, la tranquilidad y la seguridad serí­a una campaña permanente, sistemática, bien planificada, con proyección al aprovechamiento de la juventud y de la adolescencia, en particular, para hacerles ver explí­citamente lo nocivo que es el consumo de drogas, de bebidas embriagantes y de andar del brazo y por la calle, como se dice, con individuos que transitan en los extraví­os de los vicios y de la delincuencia.

Lo que informan los periódicos, la radio y la televisión, incluso con imágenes que impactan terriblemente entre el público es como para vivir sintiéndose con el alma en un hilo y lamentando la macabra y triste situación de nuestra pobre patria.

Los medios de comunicación, dentro de la misión que les incumbe, están en el deber de realizar campañas cuando hay necesidad, dolor y tragedia en los diversos segmentos de la población, mas eso, lamentablemente, no se hace.

Ya estamos acercándonos como a zancadas a las tradicionales y solemnes celebraciones de la cristiandad, o sea de la Navidad. También a las del Año Nuevo, por lo que, como lo pronostican oficialmente, pueden multiplicarse los asaltos a mano armada, las extorsiones, los robos, los secuestros, los ultrajes a la mujer y los asesinatos, lo cual, lógicamente, afectarí­a esas celebraciones de las grandes mayorí­as del pueblo de Guatemala, especialmente del feliz advenimiento del venerable hijo de Dios, creador del Universo.

Recalcamos que planificando bien lo que se requiere para contrarrestar en lo posible la caótica y anárquica situación que estamos viviendo los guatemaltecos, otro serí­a el cantar. Se atenuarí­an las terribles pesadillas que se están sufriendo. A consecuencia de la criminalidad y de la delincuencia en todos sus aspectos que, como es sabido, están cobrando muchas, pero muchas ví­ctimas. ¡La muerte, con su fatí­dica guadaña, ronda por doquier!

Es aconsejable que, para evitar tantas amenazas que bullen en el ambiente nacional, se deben tomar precauciones con realismo e inteligencia, principalmente en los lugares identificados como zonas rojas.