Esta mañana en Emisoras Unidas entrevistaron al señor Harold Caballeros, quien recién fundó su propio partido político para postularse a la presidencia en las próximas elecciones, y explicó su papel como promotor del llamado Plan Visión de País. Un radioescucha le preguntó por qué el plan mencionado no contempló el tema de la corrupción y su importancia en la definición de políticas de largo plazo como las que incluyeron en tal propuesta y el dirigente dijo que los temas fueron discutidos con los partidos políticos y que ninguna de tales entidades lo consideró importante.
ocmarroq@lahora.com.gt
Por supuesto que los partidos políticos son los menos interesados en abordar el tema de la corrupción, pero cuando se habló del Plan Visión de País hicieron la bulla de que era una propuesta de sectores de la sociedad para definir políticas de largo plazo con la vista fija en lo que Guatemala necesita. Nunca dijeron que en el fondo no había tal visión de país, sino que esos grupos de la sociedad lo que estaban presentando era una visión de partidos políticos, porque si lo hubieran explicado así seguramente que nadie se suma a la ingenua iniciativa que, por lo visto, pretendía ser la plataforma de protagonismo de algunos personajes como el mismo Caballeros que andaban ya con su agenda personal. Agenda que, justo es decirlo, tampoco tenía ninguna visión de país sino la de las ambiciones personales.
El tema de la corrupción es no sólo importante sino crucial para entender los problemas de Guatemala y debiera ser algo así como una piedra angular de la visión de largo plazo porque cualquier idea que se tenga de cómo mejorar las cosas en nuestro país sale sobrando si al final de cuentas resulta que el dinero se lo clavan los más largos. Por supuesto que no era importante analizar el tema de la corrupción porque hubiera obligado a abordar la cuestión de los fideicomisos y de las formas elegantes que se han encontrado para jugarle la vuelta a la legislación nacional y de esa manera impedir que se pueda llegar a la fiscalización de los fondos públicos.
Uno puede tener maravillosas ideas para proponer cómo enfrentar los problemas de nuestro país en temas como educación, salud, generación de empleo, inversión local y extranjera, vivienda y desarrollo social, pero todos esos aportes no sirven de nada si antes no resolvemos el problema del mal uso que se da a los pocos recursos disponibles. Es más, hasta el mismo tema del necesario aumento de la carga tributaria para dotar al Estado de recursos para enfrentar sus desafíos y para que cumpla sus fines esenciales, tiene estrecha vinculación con la forma en que se invierten y se gastan los recursos del Estado.
El tema de la corrupción es crucial en todos los países porque la picardía se ha generalizado desplazando a las legítimas ambiciones humanas. Pero cualquiera que presuma de haber sido inspirador de un plan con visión de país tendría que haber tenido la decencia de incluir el tema como punto de partida para introducir principios y valores en el contexto social. Por supuesto que para hacerlo hay que estar libre de pecado y ni los partidos tradicionales ni los nuevos que tuvieron su capital semilla en los confidenciales de Serrano, tienen esa importante cualidad.