Sí, ni me lo diga, ya sé que corrupción hay en todos los países y que muchos ex funcionarios, incluyendo ex presidentes se han vuelto multimillonarios aprovechándose de los cargos públicos que ocupan… pero, a mí me interesa este pedazo de tierra donde nací, no sé si para bien o para mal, que parece un moribundo al que le hace falta un poco de aire limpio que no lo contamine más.
Aparte de haber trabajado en los tres organismos del Estado, en mi vida periodística, primero como «reportero de la nota roja» y luego como columnista, he conocido y sigo conociendo casos cada vez más continuados, más cínicos y más vergonzosos de gente que vive con lujo ostensible gracias a la acumulación de dinero mal habido, dejando por un lado a la llamada «criminalidad común» o al «crimen organizado».
¿Por qué? -me pregunto- ¿qué tienen de diferentes los capos de la droga con los funcionarios de los tres poderes, de ONGS, de organismos internacionales, de cuadros bajos, medianos y altos del Estado que se aprovechan de la ingenuidad ¿o estupidez? de los guatemaltecos para sacar comisiones, mordidas, coimas o cualquier cosa que se le parezca con el aval complaciente de muchos «empresarios inversionistas»?
El Congreso, la OIM, los parientes del Presidente, los vistas de aduanas, los policías mordelones, los capitalistas que buscan contratos y hacen malos trabajos o sobrevalúan los mismos, algunos magistrados de las Cortes -Suprema y Constitucional y del TSE- que ganan sueldos estratosféricos y encima de eso huevean muy discretamente, las ONGS que viven como parásitos prendidos a las tetas de los países que les lanzan monedas, en fin… muchos, muchísimos más que son coyotes de la misma loma, son los que han convertido esta infame corrupción en su «patrimonio nacional».
Afortunadamente nosotros seguimos navegando con la bandera desplegada de babosos consuetudinarios. Yo soy el primero de ellos, aquí y desde hace más de 37 años (en 1971 salió la primera columna Rayos X), sigo martillando al igual que otros columnistas y editorialistas en esta lacra, hermana inseparable de la impunidad y que se cobija, aparte de los pocos casos que son públicos, en las entrañas de casi todos los sectores e instituciones del país, para vergí¼enza y escarnio de los guatemaltecos honrados.
Si usted se da cuenta, salimos de un caso de corrupción para caer en otro, Covial, Migración, el Congreso, la Policía, la OIM, los fideicomisos, etcétera, etcétera. Y todavía así algunos «optimistas» quieren que escribamos cosas positivas… ¿positivas en qué?
Basta observar lo que gana un funcionario de alta categoría para darnos cuenta que ello es, ni más ni menos, que un insulto a la dignidad nacional. Recuerdo que cuando trabajé en la Corte Suprema de Justicia, varios periodistas me preguntaban sobre salarios y viáticos y viajes y otras cositas de los magistrados. Fui de lugar en lugar a buscar tales datos hasta que dos magistrados tuvieron el «valor» de decirme que dejara de «estar jodiendo con eso porque sino me iban a echar a la m….» Y les juro que ello no me importaba, pero jamás observé tanto celo de los trabajadores financieros para esconder documentos fiables, es más, cuando llegaba a ciertas oficinas alguien corría la voz y «guardaban» los papeles que tenían sobre los escritorios.
En el Congreso, siendo diputado me llamó un grupo de ellos para una reunión en la primera secretaría, en donde se escuchaban grandes discusiones. Al llegar me dijeron que querían que actuara como «árbitro porque era el único pendejo que no había recibido pisto por el nombramiento de un magistrado y la aprobación de un presupuesto y que la repartición del pisto no había sido equitativa». Di media vuelta y me salí asqueado.
Así por el estilo son las cosas en este país de la eterna corrupción e impunidad gracias a los que el Presidente, o el Congreso o cualquier otra autoridad nominadora designa como «funcionarios». A propósito, ya viene el nombramiento de la nueva Corte Suprema de Justicia ¿el Congreso volverá a escoger otra vez a los mismos ineptos y mediocres?… Lo más seguro es que sí. Otra mancha más al tigre ni se nota.