Tras la firma del compromiso internacional entre Guatemala y Belice para someter el diferendo a la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia, procede que el Gobierno de nuestro país inicie a partir del primer mes del año próximo, una intensa jornada de explicación a la ciudadanía sobre la historia de la controversia y las distintas posibilidades que se generan como resultado de esa decisión de colocar la disputa en manos de ese órgano.
Reiteramos nuestro punto de vista en el sentido de que Guatemala depuso virtualmente su reclamo cuando aceptó la decisión del gobierno de Serrano al reconocer en forma unilateral e incondicional la existencia del Estado de Belice. Algunos consideran que al fin de cuentas eso fue un acto de realismo luego de años de infructuoso esfuerzo por hacer valer los derechos largamente enumerados por sucesivos gobiernos sin que se encontrara eco en ningún sitio.
La postura nacional se terminó de comprometer durante los años de nuestro conflicto armado interno, cuando la violación persistente de los derechos humanos se revirtió en contra de cualquier esfuerzo que se planteara para mantener alianzas internacionales, toda vez que caímos en una condición de marginación.
Entre los guatemaltecos de las nuevas generaciones no se observa aquella flama que se resumía en el enunciado: «Belice es nuestro». Por el contrario, los jóvenes de hoy aprendieron a convivir con Belice y muchos ni siquiera piensan en un reclamo de compensación territorial. En ese sentido para el Gobierno no sería complicado el diseño de una campaña informativa de los antecedentes históricos, de la realidad actual y de las posibilidades futuras, a efecto de someter a consulta popular si la población acepta que el conflicto sea resuelto al final de cuentas por los juristas de la Corte Internacional de Justicia.
El actual reclamo guatemalteco ya no es sobre la totalidad del territorio como fue históricamente el planteamiento de los gobiernos nacionales aun después de que Gran Bretaña otorgara la independencia a Belice. La pretensión se contrae a reclamar parte del territorio y asegurar la salida al mar que por derecho nos corresponde.
Creemos que es importante tener cuidado en el tema de la fijación definitiva de los límites, es decir, la frontera entre Belice y Guatemala, porque la experiencia nos hace advertir que podríamos sufrir algún revés que significara aun pérdida de nuestra actual integridad territorial y en ese punto la Cancillería tiene que mostrar extraordinario celo para evitar un desaguisado. Por lo demás, no habiendo mucho que ganar, cualquier arreglo que no afecte nuestro actual territorio puede considerarse como conveniente.