La CIA, los proyectos de desarrollo y los intereses norteamericanos en Guatemala


Un oneroso contrato con la United Fruit Company se renegoció con el General Jorge Ubico en 1936. La historia de la UFCO se remontaba a 1899 cuando se formó a partir de la Boston Fruit Co, ambas asentadas en Costa Rica y fundadas por Mynor C. Keith llamado el Rey sin Corona de Centro América quien con capitán de Naví­o Lorenzo Dow y un negociante de nombre Andrew Preston la convirtieron en la mayor productora de banano del Istmo, Colombia y el Caribe.

Mario Castejón

Keith se inició construyendo un ferrocarril entre Puerto Limón y San José, entrando al negocio del banano y operando lo que se llamó «la Gran Flota Blanca», once barcos a vapor más otros tantos rentados para transportar el producto a los Estados Unidos. En 1901 ya establecida la United Fruit Co., Keith negoció con Estrada Cabrera la concesión exclusiva del transporte de correo entre Guatemala y Puerto Barrios hacia los Estados Unidos. Como complemento, en 1904 construyó la conexión ferroviaria de la capital al puerto del Atlántico incorporando la recién formada Guatemalan Railroad Company como subsidiaria de la UFCO obteniendo también la concesión de la lí­nea telegráfica, una franja de terreno alrededor del puerto y otros predios en su zona urbana. Hizo del puerto la capital de su pequeño imperio y en una concesión de 160 acres principió a sembrar banano, su negocio inicial.

Bajo el nombre de Compañí­a Agrí­cola de Guatemala, Keith recibió del presidente J.M. Orellana un área de terreno a lo largo del Rí­o Motagua, además de 181 mil acres que ya poseí­a en Tiquisate -obtenidos a bajo precio de la California Guatemala Fruit Co.- A la muerte de Keith, la UFCO pasó a ser propiedad de Samuel Zemurray, un empresario de origen judí­o. Esto fue a principios de 193, durante el Gobierno del General Ubico cuando se renegoció un ventajoso contrato a través de la firma Sullivan & Cromwell de la cual era Socio Director John Foster Dulles .El total obtenido era más de la mitad del terreno de todos los propietarios privados de Guatemala, concedido sin más durante un término de 99 años.

El Contrato con la UFCO suprimí­a impuestos de importación y concedí­a otras ventajas a la empresa y a sus ejecutivos; los impuestos al banano exportado eran mí­nimos. Extendí­a sus beneficios a la IRCA, a la Gran Flota Blanca y a las otras subsidiarias. Esos beneficios el primer año llegaron a 65 millones de dólares que significaban, en aquel entonces, dos veces los ingresos del Estado.

Ante las crí­ticas dirigidas al presidente Ubico por la concesión, éste en un arrebato indicó que solicitarí­a un Dictamen de los contenidos del contrato. La persona escogida por el Gobernante fue el licenciado Ricardo Quiñónez Lemus, miembro del Foro Guatemalteco, conocido por su integridad y socio de una prestigiosa firma quien a su vez era el Secretario Privado de la Presidencia. Por esta última razón algunos pensaron que la elección del General Ubico iba dirigida para que se dictaminara en favor de la concesión que él mismo habí­a autorizado, pero no fue así­. El licenciado Quiñónez Lemus entregó un Dictamen contrario a la concesión en donde señalaba que ésta era onerosa para el Estado de Guatemala. Ubico lo recibió y también contrario a lo que se esperaba no adoptó ninguna medida en contra del autor del Dictamen, si no por el contrario el hecho sirvió para ganar su respeto. He sabido que dicho Dictamen es objeto de estudio hasta la fecha en una de nuestras Universidades.

Desde mi primera entrega señalé que el problema fundamental para la Casa Blanca en 1954 no era la UFCO. El problema fue que el coronel Arbenz permitió que su Gobierno fuera etiquetado de comunista, cosa que Arévalo con gran habilidad habí­a soslayado a pesar de situaciones difí­ciles que tuvo que enfrentar, tales como la negativa a suscribir el Pacto de Rí­o propiciado por los Estados Unidos, además de los muchos roces tenidos con el Embajador Richard Patterson. A pesar de todo Arévalo como un hábil torero supo hacer las fintas necesarias sabiendo que no era el momento para enfrentar al coloso del Norte ya inmerso en la Confrontación Este Oeste.

En el caso del presidente Arbenz la presencia cercana a su Gobierno de lí­deres comunistas difí­ciles de negar su filiación con Moscú, le iban creando un cerco entre la mayorí­a de paí­ses latinoamericanos que bailaban al son de Washington influyendo en la opinión pública hábilmente manipulada por el estratega relacionista de la United Fruit Co. Edward Barneys, quien con oportunas dádivas se fue ganando a los medios de comunicación más importantes de los Estados Unidos creando un alud de situaciones negativas en relación al llamado «caso Guatemala». La calificación de Gobierno pro comunista y el hecho que no se hací­a nada para desmentirlo fue creando más y más conciencia en la necesidad de terminar con aquella amenaza.

El Departamento de Estado veí­a en cualquier persona etiquetada de comunista, un agente del Imperialismo Soviético que constituí­a una amenaza mortal y ése era el problema de fondo (consta en un memorando del Departamento de Estado del 25 de mayo de 1953 y la Conferencia de Prensa de Dulles el 8 de junio de 1954). Por supuesto que los intereses norteamericanos afectados por las expropiaciones a la United Fruit Co. y la relación que altos funcionarios del Gobierno de Truman y Eisenhower, tení­an con la UFCO como veremos adelante, eran innegables y también jugaban un papel importante. ( Continuará)