La cátedra hondureña


Entre tantas cosas que suceden en nuestra pequeña Centroamérica hay algo de lo que los periodistas no podemos quejarnos: siempre hay motivos para comentar acontecimientos.  Estos paí­ses es un volcán de sorpresas y raramente se pasa angustia en cuanto a contenidos periodí­sticos.  Ahora nos toca referirnos a Honduras y, por lo que se ve en el horizonte, habrá tinta para rato.

Eduardo Blandón

Del golpe de Estado en Honduras, cada vez que lo pienso, se me ocurren una y mil cosas que quisiera compartir para ver si me gano entre los lectores a algún benévolo epí­gono o algún hepático bilioso.  Sin más demora, comencemos.

De los polí­ticos tengo sentimientos encontrados.  Cuando veo el desempeño de funcionarios tipo Giorgio Napolitano en Italia o hago memoria de aquel famoso rey de Bélgica, Balduino, no puedo sino mostrarme admirado, rendir homenaje a la inteligencia polí­tica y hasta reprocharme subrepticiamente mi apatí­a, recelo y suspicacia por un espacio casi divino y digno de ser vivido.  Pero, al mismo tiempo, cuando veo a nuestros nativos ejercitantes del arte de la polí­tica se refuerza en mí­ el asco, la repulsa y las ganas de pegar gritos al cielo. 

Para muestra un botón.  Los polí­ticos que apoyan al Presidente espurio insisten en tomarnos el pelo al decir en que las acciones contra el famoso Mel no fueron golpe de Estado: No, golpe de Estado no, sino acto de sustitución, relevo, toma del poder ví­a la Constitución, respetando el estado de Derecho, el espí­ritu de la ley y un sin número de malabarismos, según ellos geniales, que, de plano, quizá y con suerte, sólo ellos se creen. 

Los militares no se quedan atrás y en un acto de mí­mesis a su prójimo (el próximo de ellos para su infortunio planetario son los polí­ticos) afirman, con un cinismo gorilescamente aprendido, que no tuvieron más opción que dar el golpe.  En una carta del principal ejecutor del acto que tiene en honduras al vecino de Nicaragua, explica que luego de un examen exhaustivo (imagí­nese usted), llegaron a la conclusión que aun sabiendo que el golpe constituí­a un delito, lo ejecutaron por considerarlo menos dañino.  Pero, hay algo más, ellos insisten en que sólo cumplieron órdenes y dejan sentir casi como tristeza al considerarse ví­ctimas de un jaleo al que según ellos los metieron a la fuerza.  Bellos, ¿no?

Otro tema que el conflicto hondureño pone sobre la mesa es el relativo a los medios de comunicación social.  ¿Se ha puesto a pensar en lo horroroso que es depender sólo de CNN para informarse del acontecer internacional?  ¿No ve patraña en el uso de la información y en sus silencios y disimulos?  ¿No me diga que se traga todo el banquete informativo sin ponerle sal y pimienta?  Con lo ocurrido en Honduras y luego de criticar la creación de Telesur, me he convertido (lo confieso públicamente).  Viva Telesur que nos presenta otro ángulo de la información, vivan las emisoras de radio con sus periodistas «in situ», albricias por Internet y la apertura que permite.  De verdad, lo invito a ponerle candado a CNN y a las cadenas que con todo el descaro del mundo aderezan la información según su propia conveniencia.

Aun hay más, pero el espacio de hoy hasta aquí­ llega.  Nos platicamos el lunes.